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12 de mayo del 2021

Política

Partidos políticos: funciones y disfunciones

Yvelisse Prats Ramírez De Pérez. ¿Qué es, esencialmente, un partido político?. Los diccionarios del ramo y los tratadistas especializados, Duverger, Max Weber, nos dan definiciones diversas, con elementos comunes, entre los que destacan su carácter de asociación voluntaria de ciudadanos/as, su adhesión a una doctrina determinada, y su búsqueda del poder, para lograr los objetivos […]




Yvelisse Prats Ramírez De Pérez.

¿Qué es, esencialmente, un partido político?.

Los diccionarios del ramo y los tratadistas especializados, Duverger, Max Weber, nos dan definiciones diversas, con elementos comunes, entre los que destacan su carácter de asociación voluntaria de ciudadanos/as, su adhesión a una doctrina determinada, y su búsqueda del poder, para lograr los objetivos trazados, que pueden ser colectivos, grupales o personales.

La mayoría de los tratadistas ubican el origen en la primera mitad del siglo XIX, y lo ligan al emerger de la ciudadanía como sujeto. De ahí que los conceptos partidos políticos y democracia van de la mano.

La fuerza de los partidos para alcanzar sus propósitos, crece o se debilita en la medida en que obtenga o no el favor de los ciudadanos.

Por eso es en los sistemas donde la democracia representativa por lo menos funciona que los partidos pueden actuar libremente.

A estas descripciones neutrales sobre el partido político, hay que sumar los atinados juicios de Juan Bosch, quien desde un mirador marxista, no leninista, nos explica la relación dialéctica entre el desarrollo humano y social y la debilidad o fortaleza de los partidos políticos.

En los países del Tercer Mundo, copados, detenidos en su desarrollo por el capitalismo, la política, los partidos políticos, así como la educación, la salud, y los demás sistemas y políticas públicas, se corresponden  con el nivel de desarrollo nacional.

En esos territorios de exclusión y de explotación, en uno de los cuales habitamos, el pueblo no se forma, se adoctrina a través de una educación domesticadora. Así, no elige libremente el partido por el que sufraga. Vende su voto, o lo echa a ciegas, porque ignora que el poder es suyo, que los gobernantes dependen para serlo de ese voto que desperdician inconscientemente.

Releí recientemente el texto de don Juan que se titula “Capitalismo, Comunismo y Liberación Nacional”.

En ese pequeño volumen, que estoy segura los peledeístas de la actualidad quisieran que no se hubiera escrito, o por lo menos, que no lo lea nadie, Bosch describe las diferencias entre los tipos de partidos.

Sataniza a algunos de los nacionales, y entona una apología llena de esperanza del PLD, el Partido de Liberación Nacional, al que atribuye todas las virtudes, todas las purezas, fundado para liberar a la política de sus vicios, y a la sociedad dominicana de sus opresores.

Aunque la educación nacional sigue siendo mala, muchos dominicanos sabemos a estas alturas, después de 18 años de gobierno del PLD, que a don Juan lo cegaron sus sueños, sus convicciones indoblegables.

Riquezas incalculables e inexplicables, desprecio a la opinión ciudadana, sometimiento al yugo capitalista foráneo a través de préstamos onerosos y un olvido absoluto a las lecciones de su fundador. Esa es la realidad que ofende la memoria de Bosch.

Por si fuera poco, el PLD muestra una dolencia causada por un virus grave que no ha sido estudiado por los tratadistas clásicos, que es consecuencia de nuestro atraso: la división interna. La ambición personal, que se desliga de los fines colectivos, se agiganta en el PLD, conforma grupos y subgrupos, pone a enfrentarse a los antiguos socios, deslumbrados por algo que también don Juan describe en su libro “Trujillo, causa de una tiranía sin ejemplo”. Se percibe la Republica Dominicana como una empresa, y se pretende ser accionista mayoritario o único de ella.

El mal corroe, no solo al PLD, sino a los demás partidos importantes del sistema. El PRSC se divide en dos partidos: el compuesto por los que forman parte de la oposición y los que sólo pretenden ser una organización política cuando son funcionarios públicos, lo que hacen que sean “colita” del partido de gobierno.

Mi partido, el PRM, no está dividido. Aún. Escindido en dos grupos: los compañeros que se agrupan en torno a Luis Abinader y a Hipólito Mejía pueden evitar la división que arrastraría consigo la posibilidad de triunfo en el 2020.  La convención de Delegados que se realizará próximamente, es escenario propicio para anunciar al país que los perremeístas estamos y estaremos unidos, que hemos hecho un pacto ganadores y perdedores en nombre de nuestros compromisos para liberar a la República Dominicana de la corrupción y la impunidad.

La unidad interna nos dará la fuerza convincente para aumentar nuestra membresía, y nos acercará a todos los dominicanos que quieren una nueva forma de hacer política.

Se me olvidaba. La función más importante de los partidos políticos es ser mediadores entre la Sociedad Civil y el Estado, haciendo posible en sus programas los deseos y las necesidades de los ciudadanos.

El PRM puede y debe ser ese eslabón poderoso. La simbiosis partido-pueblo, romperá el maleficio del subdesarrollo. Creceremos juntos, y escribiremos otra historia.

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