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10 de abril del 2021

Opinión

Pecador sí, corrupto no

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio. Dentro de la serie que hemos tomado, de comentar los Salmos que tratan sobre el tema de la corrupción, hoy hacemos la novena entrega de esta serie sobre el tema, y hemos querido recoger como título una frase que repite el papa Francisco: Pecador sí, corrupto no. […]




Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio.
Dentro de la serie que hemos tomado, de comentar los Salmos que tratan sobre el tema de la corrupción, hoy hacemos la novena entrega de esta serie sobre el tema, y hemos querido recoger como título una frase que repite el papa Francisco: Pecador sí, corrupto no. Para eso, voy a tomar el Salmo 50. El Salmo 50 es el que llaman de David. David fue un pecador y pecador signifi ca que cometió hechos graves; él fue adúltero y asesino; estuvo con la mujer que no era de él y cometió el asesinato de matar al esposo de ella: eso es ser pecador. David se arrepintió, mas no cayó en la corrupción. La corrupción se materializa si David hubiera dicho: Yo soy el jefe aquí, yo soy el rey, aquí el que manda soy yo y Dios que se vaya para donde sea. Si David hubiera sacado a Dios de su vida y se hubiera tachado de corrupto, se hubiera podrido, era corrupto, pero David fue pecador. El pecador tiene capacidad de arrepentirse y de pedir perdón. David recibió el perdón de sus pecados, aunque tuvo que reparar las consecuencias de sus dos graves pecados, pero él no se corrompió, no se pudrió. Entonces, las personas que se pudren se puede decir que no se arrepienten. Que podamos nosotros decir: Pecador sí -el pecado que sea-, corrupto no, y recemos el Salmo 50, si somos pecadores. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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