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13 de mayo del 2021

Opinión

Pedernales no problem

“Queremos dejar bien claro a las autoridades dominicanas que hasta que no traigan a los culpables de matar a mi hermano y a su esposa aquí no se abrirá la puerta de esa frontera”. La advertencia de Maribel Féliz Matos, hermana de uno de los esposos asesinados por   haitianos  que huyeron  hacia su país, refleja […]




“Queremos dejar bien claro a las autoridades dominicanas que hasta que no traigan a los culpables de matar a mi hermano y a su esposa aquí no se abrirá la puerta de esa frontera”. La advertencia de Maribel Féliz Matos, hermana de uno de los esposos asesinados por   haitianos  que huyeron  hacia su país, refleja el ánimo que impera en Pedernales, donde reina una tensa calma que, sin embago, dista mucho de la normalidad; no ha vuelto a  celebrarse el mercado binacional y cientos de haitianos se mantienen  expectantes de aquel lado de la frontera, pues todavía no se les permite pasar para   hacer sus compritas. Porque no se trata tan  solo del dolor y la justa indignación  de los familiares de la pareja asesinada, sus principales dolientes, pues como bien explicó  en la sesión del Senado del pasaso miércoles  el representante de Pedernales, Dionis Sánchez, lo que hoy ocurre es el resultado de “una cadena de acontecimientos” que han causado indignación debido a que no han tenido consecuencias, citando, además de los recientes asesinatos, una oleada de  robos y atracos  perpetrados  por  haitianos de los que han sido víctimas,  incluso,  militares que custodian la frontera. La paz y la tranquilidad de Pedernales dependen, en consecuencia,  de que las autoridades dominicanas puedan convencer a las haitianas  de que entreguen a uno de los acusados del doble asesinato  que se encuentra  detenido en la vecina nación, a la que le conviene  tanto como a nosotros que regrese la normalidad, y con ella el  comercio del que viven tanto los  haitianos como los dominicanos. Pero esa paz y esa tranquilidad no serán duraderas mientras las autoridades  haitianas no se comprometan formalmente, a falta de un tratado de extradición, a evitar que su territorio sea utilizado como refugio de sus nacionales que delinquen del lado dominicano, provocando la clase  de reacciones que acabamos de presenciar, sobrecogidos  de espanto, en Pedernales.

Por: Claudio Acosta.

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