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14 de mayo del 2021

Política

¡Peña vive!

Yvelisse Prats Ramírez de Pérez. Escribo este título y la frase se eleva, como entonábamos en las reuniones cuando el Partido Revolucionario Dominicano era un partido político grande, fuerte, y no el negocito sórdido que ahora es. ¡Peña Vive! El 10 de este mes se cumplieron 20 años de su muerte física, pero sus ideas, […]




Yvelisse Prats Ramírez de Pérez.

Escribo este título y la frase se eleva, como entonábamos en las reuniones cuando el Partido Revolucionario Dominicano era un partido político grande, fuerte, y no el negocito sórdido que ahora es.

¡Peña Vive! El 10 de este mes se cumplieron 20 años de su muerte física, pero sus ideas, sus proyectos, sus sueños, viven aún, precisamente porque esperan ser cumplidos por los que nos comprometimos con él a ponerlos en práctica. El Gobierno Compartido, por ejemplo, que es la tesis fundamental de Peña Gómez, la mal usa un gobierno centralista, autoritario, vertical, que desconoce las  opiniones de la  gente, con oídos sordos ante una sociedad civil a la que Peña Gómez otorgaba la condición de socia participativa.

Peña Vive para denunciar que muchos ayuntamientos no ponen en práctica el presupuesto participativo, y los alcaldes se sienten jefes únicos, soberanos ungidos, sin consultar sus acciones con la Sala Capitular, que es en verdad el Congreso de un Cabildo Democrático,  inclusivo como lo era cuando Peña fue alcalde.

Peña Vive para recordar al PRM, que el Socialismo Democrático no es un titulo sonoro que se incluye en los Estatutos, sino la ideología que él asumió, y en la que quiso educar a los dominicanos, porque reúne lo mejor del socialismo y lo mejor de la democracia.

Peña Vive para advertirnos que él nunca prohijó los grupos, que despersonalizan sus integrantes haciéndoles propiedades de los “jefes”. Lo que Peña Gómez pretendió fue que existieran corrientes que se debían  formar en función de distintas interpretaciones de nuestra doctrina, nunca un peñagomista que se precie de serlo debe girar como trompo alrededor de un compañero que aspira, sin saber bien para qué.

Peña Vive para reclamar que volvamos a ser Pueblo, lo fue con pasión y convencimiento desde que dijo su primer discurso en el Parque Colón en el 1961; también cuando llamó a ese pueblo a lanzarse a las calles el 24 de abril, o cuando nos llevaba a los dirigentes clase media a los barrios, a recoger basura, o a ayudar a apagar incendios, a aprender a ser solidarios, para que fueran ciudadanos y políticos sensibles. ¡Él lo era tanto!

Peña Vive para demandar que mantengamos la lucha por una mejor educación, para que sigamos combatiendo a favor de una enseñanza de la historia nacional, sin la cual no seremos dominicanos en el sentimiento.

Para Peña Gómez la educación era  preocupación constante, lo imagino abriendo sus grandes ojos leyendo la terrible estadística que destaca que de cada 100 niños en el 3er grado de primaria, solo 12 entienden lo que leen.

Peña Vive para hacerle eco al papa Francisco,  y llamarnos a aceptar la otredad; a respetar a los que llegan a nuestro país, muchas veces vendidos y  comprados por mafias que comercian carne humana barata.

Peña Vive para amonestarnos por nuestros errores, para demandar que el partido que dice seguir su ideología, sea en verdad fiel a ella, que la enseñe, la practique y la defienda.

Peña Vive a 20 años de no verlo físicamente entre nosotros, porque lo necesita la República, como necesita a Juan Bosch para ser ejemplo de honestidad, de rectitud, lealtad a los principios, seguidores de Hostos, dispuestos como Martí y como Duarte, a creer que la Patria existe, y que vale la pena sufrir para merecerla.

Peña Vive para que en su nombre luchemos contra la reelección, esa que fue tema de su tesis de grado para graduarse de abogado. La reelección siempre deviene en dictaduras, ahí están Báez, Santana, Lilís, Trujillo y Balaguer.

Peña Vive para pedirnos que vivamos en la comunidad, que nos describe Zygmunt Bauman, cálida, protectora, amable, para que se recupere la confianza entre vecinos, la seguridad en las calles, el respeto a la vida, y el derecho a dejar de querer de las mujeres, la sonrisa feliz de los niños en  familias integradas.

Peña Vive.  Lo siento. Sé que debemos una rendición de cuentas por esas deudas que con él contrajimos, no saldadas.

Él vive, porque espera.  Porque, contra evidencias feas y anomias largas, tiene aún fe en nosotros.

Vive para abrir las puertas de la esperanza, como anuncia el himno en que se transformó su mensaje de campaña. Para estar presente cuando “por fin, por fin, primero la gente”.

Y vive, vivirá, porque esa gente, su gente, lo necesita ahora, mañana y siempre.

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