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13 de mayo del 2021

Opinión

Pensar que no

Orlando Gil Todos piensan que, descubierta la trama del Defensor del Pueblo, los senadores no se atreverán a seguir adelante con lo planeado. A acoger el designio del acuerdo y nombrar a los que por ahora se cuestionan por su reconocida militancia política: Fidel Santana y Henry Merán. El jueguito del no político cansa y […]




Orlando Gil

Todos piensan que, descubierta la trama del Defensor del Pueblo, los senadores no se atreverán a seguir adelante con lo planeado.

A acoger el designio del acuerdo y nombrar a los que por ahora se cuestionan por su reconocida militancia política: Fidel Santana y Henry Merán.

El jueguito del no político cansa y no debe ser lo que importe ahora. Lo que solivianta y ofende la conciencia es el engaño.

Negar lo evidente y manipular desde la sombra situaciones que desbordan jurisdicciones y afectan soberanía.

Debió haber sido la Cámara de Diputados, pero se sabe que no fue la Cámara de Diputados. Debiera ser el Senado, y tampoco será el Senado.

Un Congreso Nacional que quiere interpelar, debiera interpelarse a sí mismo. No pueden reivindicar unos derechos quienes reniegan de otros.

Una cosa es que se denuncie a una persona por determinada condición, y otra que esta la niegue con todas las pruebas en contra.

Los políticos quieren engañar hasta a la política.

Esa desvergüenza que se repite con aberrante frecuencia, de distanciarse de un partido para asumirse independiente, no debe consentirse.

Muchos menos sabiéndose que esa denegación es con la finalidad de conseguir una posición que con gorra y camiseta no lograría.

Nadie se niega a sí mismo si no es con propósito artero, y un pueblo no merece por defensor a un individuo que esconde sus reales méritos.

Habría que conocer las razones de sectores de oposición que buscan por medios artificiosos hacerse con la dirección de esa entidad.

Igual los motivos del gobierno para entregar o poner en manos ajenas lo que podría ser un búmeran, pues la defensa del pueblo sería del Estado, del gobierno.

No tiene sentido dar estribo a quien monta caballo ajeno y cabalgará en contra. A escopeta vacía no se le dan municiones cuando se será el punto de mira.

El negocio está la vista, aunque no se conocen los detalles, ni lo que se dará a cambio. La generosidad de actual administración con sus potenciales adversarios, provoca sospecha.

Nadie afila cuchilla para su propia garganta.

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