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21 de abril del 2021

Opinión

Peón del veneno

La gente no es como es, sino como lo recuerdan. Ramón Lorenzo Perrelló hizo popular el estribillo, desde su tribuna comunicacional, Baluarte Cívico y fueron muchos los entusiasmados con el Balaguer… Balaguer, muñequito de papel. En enero de 1960, en la finca de los Bogaert en Mao nacía el movimiento 14 de junio y su […]




La gente no es como es, sino como lo recuerdan. Ramón Lorenzo Perrelló hizo popular el estribillo, desde su tribuna comunicacional, Baluarte Cívico y fueron muchos los entusiasmados con el Balaguer… Balaguer, muñequito de papel. En enero de 1960, en la finca de los Bogaert en Mao nacía el movimiento 14 de junio y su figura esencial planteó la posibilidad de que Mario Read Vittini y Manuel Tejada Florentino asumieran el liderazgo del proyecto político. El oropel y la lambisconería del poder trujillista tomó el sendero de lo ridículo cuando Angelita, la hija venerada, alcanzaba la condición de reina de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre y 140 jóvenes la recibían en el penthouse del hotel El Embajador en el marco de una celebración novelesca, y Jesús María Troncoso encabezaba aquella “gloriosa” bienvenida. Por esas ironías de la vida, tanto Perelló como Read Vittini le sirvieron a Joaquín Balaguer en sus gobiernos. Reconozco que jamás se involucraron en hechos de sangre. Y el doctor Troncoso de la Concha, antes de subirse al tren de la tiranía y juramentarse de “presidente” se le humilló en la vía pública, asumiendo dicho exceso como extraño ante un exponente de las familias de primera de la nación. Por eso, que un exponente de esa clan familiar estuviera entre los invitados a observar la diadema de 75 mil dólares regalada en el marco de un ambiente de festejo cuasi monárquico se tornaba risible. Nadie comprendía cómo un intelectual del nivel de Juan Isidro Jimenes Grullón dejó que las diferencias personales lo cegara y colocara su firma en el acta notarial que sirvió para instalar al Triunvirato frente al doctor Francisco Sánchez Báez. Resultaba cuesta arriba que un jovenzuelo de ideas liberales en sus inicios, seducido por el arraigo de Horacio Vásquez en momentos que participaba dentro de la comisión redactora del acuerdo fronterizo concluyera sus horas enclaustrado en su hogar pero antes, vía una parada de 11 años como funcionario y fundamentándose en el discurso, El sentido de una política, ampliara los elementos teóricos del trujillismo alrededor del tema haitiano. Hasta el insigne Manuel del Cabral cayó en el redondel de esas piezas poéticas vergonzosas cuando publicó su poema, Un cuento para Angelita en el año del Benefactor. Caramba! Hacer vida pública resulta de altísimo riesgo para el ciudadano que pretende mantener niveles de coherencia. Y la gente no puede reiterarse en un pensamiento inflexible, extremista y radical. Por el contrario, en un mundo de constantes cambios se torna lógico y entendible ajustes en el pensamiento y la acción política. Ahora bien, lo que parece lamentable y perverso es la increíble vocación que exhiben franjas en todos los ámbitos por transformar posturas que la generalidad asocia a la ventaja financiera que, casi siempre, posee una relación con el presupuesto nacional. La última camada de jóvenes que se abren paso en la vida partidaria deben agradecer el tiempo político que les tocó vivir. Sin conculcación de derechos fundamentales, persecuciones y exilio tienen ventajas frente a exponentes que padecieron efectos terribles en sus carreras, y hasta se torna entendible no compatible sus retorcimientos y pequeñeces. De ahí, resulta lastimoso que exponentes de las nuevas generaciones y sus cortas carreras reproduzcan los vicios del viejo orden partidario, profundizando sus yerros, doblándose con vilezas inexplicables y afanados en superar la fatal vocación por ejercer la condición de peones del veneno. El peón del veneno confunde su triunfo con “éxito económico”. Por eso, la cortedad en su desarrollo y la histórica tendencia a que su amo lo coloque en el zafacón cuando su “utilidad” cesa para dar paso al nuevo mensajero de las perversidades. ¿Un pedazo de papel higiénico usado?. Por: Guido Gómez Mazara.

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