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12 de mayo del 2021

Economía

Perspectivas económicas en un año electoral

El año que viene tendremos por lo menos dos elecciones entre nosotros y tal vez hasta una tercera, la segunda vuelta. Además, las elecciones norteamericanas de noviembre, si las ganara Trump, es probable que perjudicará nuestra capacidad de seguir migrando a ese país, a través del mecanismo de unificación familiar. En lo económico el año […]




El año que viene tendremos por lo menos dos elecciones entre nosotros y tal vez hasta una tercera, la segunda vuelta. Además, las elecciones norteamericanas de noviembre, si las ganara Trump, es probable que perjudicará nuestra capacidad de seguir migrando a ese país, a través del mecanismo de unificación familiar.
En lo económico el año se dividirá entre pre y post electoral. Si el gobierno prevé que puede perder, buscará “desguañangar” la economía a través de un déficit fiscal mayor que el previsto, en búsqueda de votos a través de nuevos empleos. Ya lo hizo el PLD antes.
¿Se venderán acciones de las Catalina antes de las elecciones, durante la transición o después de ellas? ¿Tendrá interés un potencial comprador dada la actitud del principal partido de oposición de sugerir una posposición y recordando la renegociación de la Barrick por parte de Danilo Medina, a pesar de haber sido un contrato firmado por Leonel Fernández también del PLD? Con las Catalina, el déficit del sector eléctrico se reducirá, al venderse más energía de carbón y menos de derivados del petróleo, pero el precio de energía a las distribuidoras, que ronda actualmente en once centavos para carbón y gas natural, no se reducirá, manteniéndose el déficit y el precio al consumidor, congelado durante años, a pesar de lo prometido, no creemos que se reduzca, ya que no se cobra un 27% de lo que venden las tres distribuidoras.
Llegó la hora en que bajo el acuerdo DR-Cafta podrán importarse, libres de impuestos o cuotas el arroz, los frijoles y el cerdo, entre otros productos agrícolas. El efecto sobre las primeras dos partidas será desastroso, dado el actual subsidio norteamericano al arroz y, al igual que en el caso de Haití, pronto dejaremos de producirlo con muy costosa consecuencias sobre la economía agrícola y el empleo. Tan solo la actual fiebre porcina en China, que provoca que el grueso de las exportaciones norteamericanas de puercos ahora vaya hacia ese destino, salvará temporalmente la porcicultura dominicana. Lo del lechón criollo navideño, acompañado de arroz y frijoles dominicanos pronto será tan solo un nostálgico recuerdo.
La salida de Leonel Fernández del PLD y las elecciones congresuales de febrero probablemente logren que nuestro Congreso, por fin, sea un ente deliberativo. ¿Seguirá aprobando bonos soberanos?
Por vencimiento cesarán en sus cargos en enero la mayoría de los congresistas en Haití y Moise, aun sin primer ministro, gobernará por decreto. ¿Se calmará ese país bajo una nueva presión norteamericana, o su inestabilidad seguirá perjudicando nuestra política migratoria y nuestras exportaciones? ¿Después de nuestras elecciones tendremos, por fin, pactos eléctricos y fiscales? ¿Un posible gobierno del PRM reducirá y racionalizará el actual altísimo y tan amoral gasto corriente?
En lo geopolítico estamos ya importando petróleo y carbón norteamericano y pronto lo haremos con el gas natural. Antes venía de Venezuela, México, Colombia y Trinidad y Tobago. Significa una nueva dependencia. Trump, para enfrentar las iniciativas chinas de financiar grandes infraestructuras, ahora ofrece a América Latina el plan “América Crece”, con recursos de una renovada OPIC, al tiempo que Maduro planea resucitar Petrocaribe. ¿A quiénes compraremos, a Venezuela o Estados Unidos? ¿Se iniciará la política de alto endeudamiento con China, con el préstamo de los US$600 millones para tratar de reducir (¿siendo todavía estatales?) las pérdidas de las tres distribuidoras? ¿Podremos mantener nuestra ya tradicional meta de inflación de solo 4%? ¿Logrará Hacienda su propósito de una tasa de cambio de 56.4% por dólar a diciembre 2020, lo que implicaría una devaluación de un 6%, superior a la ya tradicional de un 4%? Ante la incertidumbre sobre quién nos gobernará, lo que pospondría la inversión privada nacional y extranjera, ¿podremos crecer al 5%, como lo haremos este año? El déficit fiscal desguañangado ¿en cuánto superará al 2.2% proyectado?
Por suerte el entorno internacional con petróleo estable y tasas de interés muy reducidas nos conviene como amortiguador. ¿Se mantendrá?.

Por: BERNARDO VEGA.

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