Política

El origen de llover sobre mojado

La idea que he planteado desde hace tiempo en el sentido de que lo que más le conviene a nuestra democracia es que los presidentes puedan, luego de agotar el período de cuatro años para el cual fueron electos, volver a postularse 4 años después de cumplir su mandato anterior, surgió de mi primer contacto con el mundo exterior a finales del año 1961.


Jueves, 11 de Julio de 2019

La idea que he planteado desde hace tiempo en el sentido de que lo que más le conviene a nuestra democracia es que los presidentes puedan, luego de agotar el período de cuatro años para el cual fueron electos, volver a postularse 4 años después de cumplir su mandato anterior, surgió de mi primer contacto con el mundo exterior a finales del año 1961.
Luego de la caída de la dictadura trujillista, con apenas 17 años, tuve la oportunidad de viajar a Venezuela y luego a Chile. Pero sobre todo en Caracas, donde permanecí más tiempo recibiendo instrucciones políticas partidistas, aprendí de los líderes demócrata cristianos que las leyes y las constituciones deberían amoldarse a la idiosincrasia de los pueblos.
En ese entonces, allá los presidentes podían, luego de cumplir el período para el cual fueron electos, volver a postularse, pero no consecutivamente, sino luego de permanecer un tiempo fuera de la presidencia. Y su sistema, aún con defectos, funcionaba.
Aprendí que pueblos como el de Venezuela y el nuestro tenían bastante similitud en el comportamiento político. Que en nuestros países los partidos políticos rondan o giran alrededor de los dirigentes y los líderes. No los líderes y dirigentes alrededor de los partidos. Así como de la tendencia a la “seguidilla gubernamental”
También aprendí, que las organizaciones están matizadas por las influencias de los dirigentes o líderes. Y que si se les cierran las posibilidades de mantener vigencia con oportunidades de retornar a la presidencia, de alguna forma se debilita el sistema de partidos. Porque la mayoría de las veces, los líderes están por encima de las organizaciones. O las organizaciones obedecen al criterio de los líderes, no de sus estructuras.
Con el paso de los años comprendí que, en cierto modo, ellos tenían razón. Que aquí la mayoría de los partidos giran en torno a sus líderes o dirigentes. El PRD en sus inicios fue una excepción, ya que se creó un sentimiento, el que fue desapareciendo con las pugnas y fraccionamientos. El reformismo, más que partidismo era balaguerismo. Y Balaguer se lo llevó consigo.
El PLD igualmente, bajo las orientaciones de Bosch fue otra excepción. Mantuvieron un concepto estructural partidario, pero de alguna manera están demostrando que seguirán el mismo patrón, de que los personalismos se coloquen por encima de la organización.
El PRM, el más nuevo de los partidos mayoritarios, nació con fuerzas, por la presencia de dos figuras que arrastraron seguidores. La de Hipólito Mejía, ex presidente de la República y Luis Abinader candidato a la icepresidencia. Luego candidato a la presidencia. Pero su presencia y liderazgos, hasta el momento, están por encima de la organización misma. Las demás organizaciones son lo que son sus dirigentes o líderes.
Siendo así, si se les dice a los líderes que cumplidos sus mandatos no tienen más chances políticos, y ya que la gente sigue a los que les ven oportunidades, de alguna manera las organizaciones sufren. Y eso de diferentes formas se refleja en la institucionalidad. Esa es nuestra idiosincrasia.

Por: Teófilo Quico Tabar.