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27 de enero del 2021

Política

«Esto tiene que parar»: los propios republicanos piden a Donald Trump que deje de alentar la violencia

 clarin.com People celebrate after media announced that Democratic U.S. presidential nominee Joe Biden has won the 2020 U.S. presidential election, at Atlanta, Georgia, U.S., November 7, 2020. Picture taken November 7, 2020. REUTERS/Brandon Bell El paso acelerado y los gestos de su cara lo delataban al llegar al hall del Capitolio de Atlanta: “Estoy enojado, muy […]




 clarin.com People celebrate after media announced that Democratic U.S. presidential nominee Joe Biden has won the 2020 U.S. presidential election, at Atlanta, Georgia, U.S., November 7, 2020. Picture taken November 7, 2020. REUTERS/Brandon Bell El paso acelerado y los gestos de su cara lo delataban al llegar al hall del Capitolio de Atlanta: “Estoy enojado, muy enojado”, confesó al final de su intervención Gabriel Sterling, un empleado republicano del estado de Georgia, responsable de sistemas electorales. Su ira se dirige contra Donald Trump y los senadores de su propio partido por no condenar las amenazas de muerte, el acoso y las intimidaciones que están sufriendo en Georgia a raíz de las infundadas acusaciones de fraude electoral que el presidente de Estados Unidos sigue difundiendo a pesar de que los tribunales y el Departamento de Justicia lo han desmentido tajantemente. “Esto se tiene que acabar”, reclamó Sterling haciendo una pausa dramática entre cada palabra de la frase, que repitió varias veces. Pese a las investigaciones que lo desmienten. Trump insiste en el supuesto fraude electoral. Foto: DPA © clarin.com Pese a las investigaciones que lo desmienten. Trump insiste en el supuesto fraude electoral. Foto: DPA “Todo esto ha ido demasiado lejos”, dijo antes de relatar las amenazas de muerte recibidas por él mismo, que tiene protección policial en la puerta de su casa; por el secre­tario de Estado de Georgia (su jefe, Brad Raffensperger, también republicano y máxima autoridad elec­toral del estado sureño) y su mujer, entre otros. Los ataques han alcanzado incluso a un técnico informático que trabaja para Dominion, la empresa propietaria de las máquinas de votación. Según Trump se manipularon para dar la victoria a Joe Biden, pero el propio Departamento de Justicia lo ha desmentido tras investigar los rumores. El joven fue acusado en foros de extrema derecha de manipular las máquinas. Algunos internautas reclaman ejecutarlo. Otros, torturarlo. Entre los comentarios hay una imagen de una soga a modo de horca. “Alguien va a acabar herido. A alguien le van a pegar un tiro, Alguien va a ser asesinado. Esto no puede ser”, alertó Sterling. Gabriel Sterling, un funcionario del sistema oficial de conteo de votos en Georgia asegura que no hubo fraude y que las denuncias de Trump generan violencia. Foto: REUTERS © clarin.com Gabriel Sterling, un funcionario del sistema oficial de conteo de votos en Georgia asegura que no hubo fraude y que las denuncias de Trump generan violencia. Foto: REUTERS Aunque no se han dado por aludidos, su alegato tenía destinatarios muy concretos. “Señor presidente: no ha condenado ni estas acciones ni ese lenguaje. Senadores: no han condenado ni esas acciones ni ese lenguaje. Esto se tiene que acabar”, insistió el empleado electoral de Georgia, indignado por el silencio de sus compañeros de partido. “Las elecciones son la espina dorsal de nuestra democracia. Todos los que no han dicho ni una sola palabra sobre todo esto están siendo cómplices” de esta situación.

El presidente, impasible

El ruego de Sterling no tuvo ningún efecto sobre el presidente, que unas horas después difundió en Twitter el video de su comparecencia con varios comentarios desafiantes. “Muestren las firmas y los sobres, mostrar el fraude masivo en Georgia, ¿de qué tienen miedo el secretario de Estado y el gobernador Brian Kemp? ¡Saben lo que vamos a encontrar!”. La limitada lista de políticos republicanos nacionales que reconoce la victoria de Biden y lo ha felicitado no se amplió. A nivel es­tatal y local sí hubo conservadores que han elevado la voz contra la prueba de lealtad a la que Trump está sometiendo a su partido. Raffensperger, secretario de Estado de Georgia, cargo equivalente al de consejero de Interior, descargó en público su indignación. “Incluso después de que desde mi oficina pidiéramos al presidente que intente rebajar la violencia retórica que emanan sus continuas reclamaciones de que ha ganado en estados donde obviamente ha perdido, lo que hace es tuitear que expongamos el fraude masivo en Georgia ”. “Ese es el tipo de lenguaje del que surge el creciente ambiente de amenazas contra empleados electorales que solamente están haciendo su trabajo. Esas personas son sus vecinos. Van a la iglesia con ellos. Compran en las mismas tiendas y sus hijos van a las mismas escuelas, no se merecen lo que les están haciendo”, insistió el político republicano sureño. Horas después, Trump publicó un discurso en el que repite las mismas "fake news". Por tercera vez desde el 3 de noviembre, Georgia está contando los cinco millones de votos emitidos en su elección presidencial. Nada indica que el resultado vaya a ser diferente al anunciado hace tres semanas, la victoria de Biden, la primera de un demócrata en este estado en más de 20 años, por un margen de alrededor de 12.600 votos. “Claro que queríamos que nuestro candidato hubiera ganado las elecciones. Pero no parece que haya ocurrido”, insistió Raffensperger. Trump no ha desistido de sus ­intentos de subvertir el resultado electoral pero empieza a asumir que se le acaba el tiempo. “Han sido cuatro años fabulosos. Estamos intentando tener otros cuatro años. Si no es así, os veré en cuatro años”, dijo el miércoles en una recepción de Navidad, según un video difundido por el sitio Politico. Trump ya está haciendo caja: el 75% de las donaciones recibidas con el reclamo de la batalla legal se dirigen realmente a otros fines, entre ellos un nuevo fondo político que podría apoyar una nueva campaña presidencial del magnate o alguno de sus hijos en el 2024. Por Beatriz Navarro, corresponsal de La Vanguardia en Washington

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