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06 de mayo del 2021

Opinión

Pragmatismo vs. Ideología

Ricky Noboa. Publica todos los jueves El pragmatismo, movimiento filosófico fundado por los norteamericanos Charles Sanders, John Dewey y William James en el Siglo XIX, ha querido sustituir las ideologías políticas en los inicios del Siglo XXI como pensamiento en el cual solamente las cosas tienen un valor en función de su utilidad. Esta actitud […]




Ricky Noboa.
Publica todos los jueves El pragmatismo, movimiento filosófico fundado por los norteamericanos Charles Sanders, John Dewey y William James en el Siglo XIX, ha querido sustituir las ideologías políticas en los inicios del Siglo XXI como pensamiento en el cual solamente las cosas tienen un valor en función de su utilidad. Esta actitud no es más que la reducción de lo verdadero a lo útil, para que la verdad se establezca conforme al éxito que se tiene en la práctica con base en su utilidad; de ahí que el pragmatismo es aplicable a la economía, la política, la educación y el derecho. La ecuación luce sencilla pero cuando se aplica en un estado que no ofrece un régimen de consecuencias frente a los procesos delictivos, entonces el pragmatismo es ineficaz en un régimen de impunidades. Lo pragmático bien aplicado logra la utilidad de los resultados, pero una vez mal aplicado, vulnera el buen proceso y por ende, el estado de derecho. La renuncia a las ideologías y dogmatismos para optar por lo que se entiende conveniente de acuerdo a las circunstancias, ha traído una verdadera crisis institucional. La lucha por el protagonismo político ha utilizado instrumentos que nos alejan de las garantías que ofrecen las normas, dando como resultado el ascenso del liderazgo a cualquier costo, sin importar los valores y principios que deben adornar su autenticidad. De esta manera, encontramos por doquier una lucha por curules y posiciones que responden a intereses de inversiones de agentes que patrocinan dichas campañas, justificando los medios para obtener el favor político de sus intereses particulares.  Este accionar debilita la utilidad que se busca al corroer el liderazgo y sus ideologías. Es necesario el respeto institucional, dentro y fuera de los partidos; de ahí la importancia de una ley de partidos que reglamente y fiscalice el accionar y el deber de sus miembros en la transparencia de los recursos que les aporta el Estado para su existencia. Entendemos que las reglas deben ser claras, que la parte ideológica debe sustentarse como compromiso de la consecución de sus metas y que el pragmatismo debe aplicarse respetando el resultado de la utilidad de los conceptos y propósitos que en el ejercicio de su práctica filosófica representen una verdadera utilidad para el sistema.

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