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17 de mayo del 2021

Política

Preocupación del Presidente

Por ORION MEJIA    Aguardar a que el cortejo del fracaso del gobierno cruce por los frentes de la oposición seria un grave error porque ningún partido por si solo estaría en capacidad para afrontar con éxito las acreencias económicas, sociales y políticas   en un no deseado escenario de crisis agravada. La gestión del presidente Abinader se […]




Aguardar a que el cortejo del fracaso del gobierno cruce por los frentes de la oposición seria un grave error porque ningún partido por si solo estaría en capacidad para afrontar con éxito las acreencias económicas, sociales y políticas   en un no deseado escenario de crisis agravada.

La gestión del presidente Abinader se acerca a su noveno mes envuelto en redes de una pandemia mundial que ha tenido afectación devastadora sobre la economía, aunque es de justicia decir que a base de políticas monetarias eficaces y de oportunas iniciativas públicas, el gobierno ha podido sobrellevar la carga.

Ante una crisis sanitaria y económica, que la Comisión de Estudios Económicos para América Latina (Cepal) define como las más devastadoras en los últimos 200 años, es lógico suponer  que los danos colaterales afectaran por mucho tiempo a toda la anatomía  económica, social y política de la nación.

El Banco Central y la Junta Monetaria han cumplido con la ejecución de un programa  de  financiamiento a bajas tasas de interés a través del cual se  han inyectado a la economía el equivalente a más del 6% del PIB, sin afectar en lo más mínimo la estabilidad cambiaria.

Para afrontar el desplome de la economía (-29.8%), con la caída del turismo, manufactura, exportaciones y un millón 14 mil empleos, el gobierno tuvo que recurrir  al endeudamiento externo, que durante la pandemia ha sobrepasado los seis mil millones de dólares.

Se reconoce que la economía  ha retornado al crecimiento positivo (1.1%), lo que significa una notable recuperación en relación al -29.8% de hace un año, pero se insiste en la magnitud  de los danos colaterales, como la perdida en términos  absoluto de más de diez mil millones de dólares  del PIB real.

El Presidente ha mostrado preocupación por el elevado nivel del endeudamiento,  que durante la pandemia se ha incrementado de un 58% del PIB a un 70% y que  el cumplimiento de su servicio representa más del 30% del Presupuesto Nacional, lo que  supone un freno a la inversión pública y elevado riesgo de malestar económico y social.

La calificadora de riesgos Fitch Rating colocó a República Dominicana en BB-, con perspectivas negativas de incumplimiento del emisor en moneda extranjera de largo plazo, lo que revela  riesgo de desborde  del endeudamiento público, causado esencialmente por las urgencias sanitarias y la afectación económica de la pandemia.

Los agentes económicos comparten la preocupación presidencial sobre  el tema  de la deuda, pero  quisiera yo agregar otra preocupación colateral que se refiere  al extraño silencio de los principales grupos económicos en torno en torno al anuncio del mandatario de que este ano debe  aprobarse una reforma fiscal.

El déficit fiscal proyectado para este año podría superar el 5% del PIB, lo que representa un motivo de presión para la deuda pública, por lo que el único remedio a la vista es la reforma fiscal, que debe ser impulsada por la clase política en su conjunto.

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