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08 de mayo del 2021

Opinión

“Preso e’preso…”

  Cesar Medina.. Que la cárcel se hizo para los hombres es puro eufemismo machista. Porque la condición de preso degrada al individuo -sea hombre o mujer-, y en la mayoría de los casos lo aniquila para siempre, sino físicamente por lo menos psicológicamente. Decía ayer que el estado natural del ser humano es la […]




 
Cesar Medina..
Que la cárcel se hizo para los hombres es puro eufemismo machista. Porque la condición de preso degrada al individuo -sea hombre o mujer-, y en la mayoría de los casos lo aniquila para siempre, sino físicamente por lo menos psicológicamente. Decía ayer que el estado natural del ser humano es la libertad y que sin ella se puede vivir pero con la dignidad mediatizada. Entre carceleros y prebostes -que los hay todavía en el sistema no reformado-, existe un dicho que reduce a la nada la condición de presidiario: ¡Preso e preso! O sea, que se le confiere apenas el derecho a respirar... y nunca aire puro. Otros más generosos lo simplifican con esta otra frase: La cárcel es dura y doblega al más fuerte.La angustia es mayor cuando un preso se considera inocente y cree que está siendo víctima de una injusticia, como ocurre en ocasiones. Ahora mismo todos los presos del caso Odebrecht dicen que son objeto de algún tipo de retaliación, en particular el inefable Temistocles Montas. Es probable que algunos lo sean -tal vez hasta el propio Temo-, pero de nada les sirve porque ya fueron condenados o por la maledicencia pública o por los juicios anticipados de algunos medios de comunicación. Quitarse el estigma -si es que lo logran algún día-, les tomará tiempo, pero políticamente han quedado sin posibilidad futura. Durante los 12 años En los 12 años de Balaguer miles de jóvenes izquierdistas fueron apresados y confinados por años en cárceles infrahumanas, torturados, vejados, humillados, pero aún así­ no los doblegaron. Eran presos políticos. Lean esta carta que me envía Aurelio Guerrero, uno de esos jóvenes: Estuve preso alrededor de dos años, entre 1971 y 1973. Fue mi cuota de martirio por la democracia dominicana. Compartí­ los pabellones de La Victoria donde estaban recluidos los presos políticos durante los inefables 12 de Balaguer. Para mi familia fue un evento demoledor, pero para mí­ también fue de crecimiento político y emocional.
Compartí celdas con Francisco Antonio Santos, Moisés Blanco Genao y Radhames Guzmán Boudre, algunos ya idos. También con Eligio Blanco Peña, Fafa Taveras, Chino Bujosa, Rafael Chaljub Mejía, Rafael -Cocuyo- Báez, Manuel Matos Moquete, Rafael Pérez Modesto y Faruk Miguel, para solo mencionar algunos conocidos. Esa convivencia de 24 horas cimento unos afectos primarios que han sobrevivido al tiempo y a las diferencias políticas o ideológicas.... ¡Ay, aquellos pabellones! En aquellos pabellones conocidos como El Hospital formamos un hábitat de camaraderías, de estudio, de transmisión de experiencias y habilidades. La limpieza, la cocina y el orden interno estaban regidos por un código concebido por la comunidad de prisioneros para garantizar convivencia y armonía. Hago notar que a pesar del ambiente de represión, en ese lejano período nosotros disponíamos de nevera, de radio, television y muchos libros. Pero la cárcel nunca pierde su naturaleza, es cruelísima. Sea con acusaciones de tipo político, como lo fue el caso nuestro, o con expedientes infamantes, siempre es un espacio de mucha angustia, de padecimientos y de espera sin final. Entre los Últimos, como el caso Odebrecht, el suplicio se extrema porque está en juego la carrera política, el honor personal y el de la familia. De manera que para mí­ no tiene sentido empeñarse tanto en exigirle un rigor en las condiciones materiales a los carceleros que quieren garantizar la seguridad y la comodidad a los desventurados que cayeron en la tentación del soborno. La sociedad es generosa, quiere castigo, pero no venganza. Segrega y rehabilita. Amen de que está por probárseles en juico oral, contradictorio y definitivo que de veras cometieron esos ilícitos. Mientras tanto, han de ser tratados como presuntos inocentes garantizándoles sus derechos humanos y constitucionales.

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