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10 de abril del 2021

Opinión

Principios doctrinales de la Manifestación del 16 de enero

Juan Daniel Balcácer. Proclamas políticas. Uno de los legados más importantes de las revoluciones norteamericana y francesa de finales del siglo XVII, para los pueblos del llamado Nuevo Mundo que en el siglo XIX iniciaron movimientos independentistas respecto del dominador europeo, fue la práctica de redactar proclamas o manifiestos políticos con el fin de denunciar los […]




Juan Daniel Balcácer.
Proclamas políticas. Uno de los legados más importantes de las revoluciones norteamericana y francesa de finales del siglo XVII, para los pueblos del llamado Nuevo Mundo que en el siglo XIX iniciaron movimientos independentistas respecto del dominador europeo, fue la práctica de redactar proclamas o manifiestos políticos con el fin de denunciar los atropellos que padecían en su condición de satélites coloniales del dominador europeo, al tiempo de enarbolar los principios doctrinales que los inspiraron a proclamarse en unidades políticas soberanas, bajo la modalidad del sistema democrático de gobierno. Tal fue el caso del pueblo dominicano que, en el siglo XIX, conoció tres importantes Manifiestos políticos que forman parte de su acervo doctrinal nacionalista-revolucionario: la Declaratoria de Independencia de 1821; la Manifestación del 16 de enero de 1844; y el Acta de Independencia, del 14 de septiembre de 1863. Trascendencia del Manifiesto. El historiador y académico Wenceslao Vega, en su obra “Los documentos básicos de la historia dominicana”, resalta la trascendencia política del Manifiesto del 16 de enero en el sentido de que, en adición a la lista de agravios infligidos por el dominador haitiano al colectivo a lo largo de 22 años, sus firmantes también describieron los principios normativos de la nueva República, a saber: establecimiento de un gobierno democrático; abolición para siempre de la esclavitud; establecimiento de igualdad para todos los ciudadanos, sin distinción de origen ni de nacimiento; protección de la Religión Católica y su establecimiento como religión oficial de los dominicanos, pero sin perjuicio de la libertad de cultos; libertad de prensa; promoción y protección de la enseñanza; reducción de impuestos; amnistía política; prohibición de la confiscación general de bienes; conservación de grados militares; y estímulo a la inmigración, entre otras importantes medidas. El Manifiesto, asimismo, dispuso la formación de un gobierno provisional, el cual, entre otras cosas, debía organizar el ejército para fines de defensa de la soberanía y del territorio nacional. Separación e independencia. Algunos historiadores dominicanos han establecido diferencias entre los conceptos de separación e independencia. La palabra separación fue la divisa de los conservadores dominicanos, afrancesados o españolizados; mientras que el vocablo independencia formaba parte esencial del credo nacionalista de los trinitarios. Mientras que la separación fue la “conditio sine qua non” de los conservadores, en sintonía con sus planes protectoralistas y constituyó el tema central de la Manifestación; la palabra independencia, en cambio, sustancia vital del credo trinitario, fue curiosamente excluida del célebre texto. El historiador Vetilio Alfau Durán escribió que “tan ostensible omisión en semejante documento se hizo indudablemente de propósito con preconcebida intención, para dejar expedito el proceso de los protectorados y anexiones foráneas que tuvieron su inicio en el alba de la República con la Resolución del 8 de marzo de 1844, forjada por el mismo autor de la Manifestación del 16 de enero, resolución formulada por la Junta Central Gubernativa presidida por el mismo Bobadilla y que adoptó en su parte esencial el célebre Plan Levasseur concertado el año anterior en Port-au-Prince...” Por su parte, otro profundo conocedor de nuestra historia, Leónidas García Lluberes, consideró que el Manifiesto de 16 de enero de 1844, “en lugar de ser la expresión franca y sincera de los propósitos ideales de la Revolución de la Independencia propagados por La Trinitaria, no fue más que la máscara de que se valió la reacción conservadora o anti duartista para introducirse en tan gran movimiento y apoderarse del fruto de una labor patriótica a la que había obstaculizado por todos los medios que tuvo su alcance.” Conceptos antinómicos. ¿Existió alguna diferencia entre los vocablos separación e independencia, o se trata de un problema semántico? Es verdad que los trinitarios firmaron el Manifiesto, pero ello fue posible gracias a la mencionada alianza táctica que se materializó entre nacionalistas y conservadores. En modo alguno esa coyuntural alianza significó una consubstanciación ideológica entre trinitarios y conservadores, aunque no debemos soslayar la circunstancia de que el liderazgo de la revolución nunca estuvo bajo pleno control de los nacionalistas, sino que fueron los conservadores quienes, desde la ausencia de Duarte a mediados de 1843, asumieron y ejercieron la hegemonía del centro revolucionario. Era lógico, pues, que hubiera diferencias sustanciales entre separación e independencia, de conformidad con la perspectiva político-ideológica de los dos grupos políticos más influyentes del momento. Sin embargo, es innegable que la Manifestación del 16 de enero o, lo que es lo mismo, nuestra Acta de Independencia, fue un documento fundacional por dos motivos fundamentales: sirvió de base jurídica al gobierno provisional conocido como Junta Central Gubernativa (que tuvo facultades ejecutivas y legislativas), y fue además el antecedente directo del primer Pacto Fundamental de la República Dominicana.

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