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12 de mayo del 2021

Opinión

Prioridad: ¡la mujer!

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo, escuché la respuesta de Lulú a la pregunta sobre las actuales prioridades en el tema de género. No se fue por los detalles, contestó de manera impactante: “¡la prioridad debe ser la mujer!” Esa manera de abordar la […]




En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo, escuché la respuesta de Lulú a la pregunta sobre las actuales prioridades en el tema de género. No se fue por los detalles, contestó de manera impactante: “¡la prioridad debe ser la mujer!”

Esa manera de abordar la cuestión de género tiene un contenido profundo si se analiza la historia del tema y su actualidad.

Las mujeres representan algo más del 50% de la población mundial y entre el 60 y 70% de ellas sufren altísimos grados de empobrecimiento y exclusión, incluso más grave que el mismo porcentaje de los hombres empobrecidos.

Dramáticas consecuencia del patriarcado y su cultura machista que data del origen de la propiedad privada y la división social del trabajo, endurecidas a lo largo de la esclavitud y del feudalismo.

Pero incluso ahora esa realidad tiene fuertes raíces en un capitalismo-imperialista que le ha dado continuidad al patriarcado.

Que ha situado a la mujer como ser social subordinado y oprimido, tanto al capital y a su exclusivo amor por las ganancias como a un poder masculinizado. Que abusivamente erige a los hombres en dueños de las vidas y los cuerpos de las mujeres. Que en gran medida las invisibiliza, las excluye del lenguaje, las trata como “seres inferiores”, les escamotea innumerables derechos humanos y las reduce a instrumentos de satisfacción sexual y a los cuidados del hogar y la familia.

La explotación capitalista ha incorporado a su dinámica perversa la discriminación de las mujeres que viene de formaciones económica-sociales y sistemas políticos-ideológico-culturales anteriores; usando -en el caso de ese 50% de la humanidad y del alto porcentaje de mujeres explotadas- la combinación de división social del trabajo y el brutal interés del gran capital por las ganancias como palanca para apropiarse de más riquezas a base de la desvalorización de su trabajo, llevado incluso a la condición de mercancía de tercera y cuarta categoría.

¡Y ay si se calcula la plusvalía que produce el trabajo doméstico no remunerado o mal remunerado, o se agregan víctimas del racismo y el negocio sexual!

El tema, pues, no es simplemente reivindicativo, es cuestión de un poder que amalgama opresión de género y explotación de clase, y se esconde tras pérfidas simulaciones.

¡Qué alegría siento al observar enormes movilizaciones y paros realizados por mujeres del mundo que le advierten a ese poder capitalista-machista que “sin ellas el mundo no podrá funcionar”!.

Narciso Isa Conde .

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