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12 de abril del 2021

Opinión

Puntos para la Junta

Orlando Gil. GUISO DE CHIVO SIN LEY.- Ni que se lo hubiera propuesto le habría salido tan bien a la Junta Central Electoral su resolución de la semana pasada parando el coche a los precandidatos. La medida fue controvertida, pues originó debate, pero en la práctica fue un plebiscito. El organismo quedó bien librado, ya […]




Orlando Gil.
GUISO DE CHIVO SIN LEY.- Ni que se lo hubiera propuesto le habría salido tan bien a la Junta Central Electoral su resolución de la semana pasada parando el coche a los precandidatos. La medida fue controvertida, pues originó debate, pero en la práctica fue un plebiscito. El organismo quedó bien librado, ya que al pasar balance hay más a favor que en contra. Excepto el PLD, por su presidente y secretario general, los demás partidos acogieron la disposición, aun cuando cada cual lo hiciera a su manera y por razones diferentes. Los magistrados no lo sabían, y tal vez ni lo sospechaban, pero comprueban que sectores diversos de la sociedad prefieren la “ilegalidad” a lo medalaganario. El llamado cansancio de la gente por encima de la Constitución. Un hecho contrastante, pues el poder reglamentario lo provee la Carta Suprema de la Nación que se alega viola al desconocer principios básicos y derechos establecidos. ¿Sabían o no sabían los opinantes lo que aprobaban o contravenían? El punto es importante, ya que una Junta Central Electoral de rango superior puede ejercer mandos no previstos. Espacio hay, y más que suficiente, para que el órgano electoral se sirva, como se dice comúnmente, con la cuchara grande. Sería único ver a un chivo sin ley convertido en guiso. CON SEGUNDAS INTENCIONES.- Entre los partidos y precandidatos que apoyaron la resolución de la Junta Central Electoral, figuran con segundas intenciones. Como no tienen otro amparo, les conviene que sea más batuta que Constitución, de manera que pueda defender o cuidar mejor el espacio electoral. Igual que pretenden que el organismo sea capaz de evitar situaciones que les afectaron en el pasado. Hipólito Mejía, por ejemplo, apoya lo de ahora, pero recuerda lo de antes, cuando entiende se le venció a la mala. Ese es uno de los riesgos. Si la JCE demuestra ahora que puede lo mucho, después no podrá decir que no puede lo poco. Si ahora puede poner en cintura a precandidatos, más adelante podrá hacer lo mismo con candidatos. En especial del gobierno, que aquí y en cualquier lugar serán difíciles de bañar. Gestiones anteriores pudieron eludir el cerco de los partidos y de los aspirantes alegando el limitado alcance de la ley. La ley no será problema, puesto que desde ahora se establece que el sentimiento de la población, el clamor popular, es una instancia más poderosa y decisiva. Si como se dice ahora el órgano electoral legisla y salva situaciones ¿por qué no hacerlo más adelante, cuando la circunstancia sea grave o bloquee? Una va de arena, como ahora, pero otra irá de cal, llegado el momento. EL GOBIERNO PA’ CUÁNDO.- El PLD como partido reaccionó a la resolución de la Junta Central Electoral, y fue contrario a la medida, por boca de su presidente Leonel Fernández y de su secretario general Reinaldo Pared. Uno por falta de norma y el otro por fuera de tiempo. El que no dijo nada fue el gobierno como gobierno. Los voceros del gobierno no se guardan la palabra ni se esconden cuando el tema es importante. Si Roberto Rodríguez de Marchena no se atreve, José Ramón Peralta se sobra. Pero ni el uno ni el otro. Tampoco el ministro de Interior y Policía José Ramón Fadul, el influyente Monchy. Aunque tal vez dichos retraimientos se deban a prudencia. La JCE corrigió, ordenó, o como dicen algunos, legisló, pero serán las autoridades que se ocuparán de ejecutar la medida. En el dictado está la encomienda, pero en llevarla a cabo están las consecuencias. Que el pleno de la Junta Central Electoral disponga, aunque sea por escrito, no significa tanto como que manu militare se proceda contra los partidos o sus precandidatos. Tumbar vallas, por ejemplo, enfrentar marchas, idem, impedir una concentración, por igual. Solo basta pensar en la perspicacia de comparar una actividad política o de campaña y una actividad cívica o de protesta. ¿Por qué una sí y otra no si los derechos se suponen los mismos? NI LA GATICA DE MARÍA.- La gente tomó nota de que los precandidatos de todos los partidos salieron al ruedo y realizaron actividades políticas sin atender la prohibición de la Junta Central. Reinaldo Pared en La Vega, Francisco Domínguez Brito en La Romana, Luis Abinader en un pueblo del interior o barrio de la capital. Aunque vale decir que todos bajo techo y ninguno sin alterar el orden público o congestionar el tránsito. Los muchachos de los más educaditos aun cuando la maestra estaba lejos. Los seguidores de Leonel Fernández quisieron hacerlo diferente, y de diferente nada. Aunque se sabía que su precandidato andaba por Chicago, que no estaría en el fin de semana, y por tanto no habría movilización, anunciaron que irían a la calle en sus operativos de recoger firmas, y que lo harían en todo el país. No se conoce de incidente, y puede deducirse que lo que fuera no provocó sensación. Dios me libre de faltar, pero sí puede decirse que un bulto lo hace cualquiera, y mucho más si es en las redes. De manera que la situación resulta clara. La Junta por su lado recibiendo apoyo para cuando sea de lugar y los partidos y sus aspirantes movilizándose, sabiendo como saben que ni siquiera la gatica de María Ramos puede hacer de las suyas: tirar la piedra y esconder la mano.

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