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15 de abril del 2021

Opinión

Qué mosca le picó a la JCE

Orlando Gil. SERVIR MÁS TARDE.- La advertencia de la Junta Central Electoral no tira un jabón en el sancocho, pero sí podría obligar a que los partidos y los candidatos recojan los platos y las cucharas y decidan servir más tarde su cocimiento. Habrá que averiguar qué mosca le picó al organismo, pues no puede hablarse […]




Orlando Gil.
SERVIR MÁS TARDE.- La advertencia de la Junta Central Electoral no tira un jabón en el sancocho, pero sí podría obligar a que los partidos y los candidatos recojan los platos y las cucharas y decidan servir más tarde su cocimiento. Habrá que averiguar qué mosca le picó al organismo, pues no puede hablarse de apresuramiento de campaña. Lo que se ve y lo que se siente no califica como fenómeno, y eso puede comprobarse cuando se observa mejor el panorama. Ninguna cara nueva y los rostros de siempre. Hipólito Mejía y Luis Abinader en el PRM, Ito Bisonó y Quique Antún en el PRSC, Danilo Medina y Leonel Fernández en el PLD. En el PRD no se sabe ni se pregunta. Lo que hacen los potenciales candidatos por ahora, es política, y no puede negársele a un político hacer política, pues esa es su profesión, por no decir su medio de vida. Aunque esta reivindicación de autoridad de parte del organismo de elecciones tiene cocorícamo. Recordar la Constitución y las leyes vigentes no es casual ni fortuito. El pleno está diciendo que con las normas antiguas, y sin la nueva legislación, tiene suficiente poder para ordenar el proceso. Haberlo dicho antes. UNA PRUEBA, SIN DUDA.- El comunicado de la Junta Central Electoral no deja de ser una prueba para y entre los partidos, los precandidatos y el propio organismo. Todos bailaban en la calle de noche y de día, como si se tratara de un carnaval, y vino la Junta, como policía de Medio Ambiente, e incautó bocinas y aparatos de música. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Acogerán la advertencia o la protestarán? No parece adecuado que con tanto tiempo de anticipación se creen tensiones entre los protagonistas del proceso electoral. ¿Cuál de las partes entenderá primero o mejor la situación, la política o la institucional? Aunque -de seguro- todo dependerá de los posibles pasos del órgano público o de la conducta que asuman los afectados o interesados. De si basta con la distante amonestación, o al dar seguimiento, se toman medidas de control o castigo. De si se acepta la actitud como legal y procedente, o se intenta burlar con actos de rebeldía. Si se mantienen en el cauce, todo bien. El peligro estaría en los eventuales desbordamientos, en el desconocimiento de una autoridad establecida. No estaría de más que la JCE convocara a los partidos y dijera de viva voz lo que ya puso por escrito. Aunque los partidos no importarían en el caso, pues sus influencias no son decisivas. Los aspirantes andan por la libre. El PRM llamó la atención sobre la campaña adelantada, y a pesar, y como si no lo hubiera hecho, Hipólito Mejía y Luis Abinader se disputaron La Romana el pasado fin de semana. SACANDO DE ABAJO.- Este intento de la JCE de ponerse pantalones largos y andar con la correa en la mano, puede ser interesante. Si el organismo puede por mandato de la Constitución reglamentar los tiempos y disponer límites en los gastos de campaña y permitir acceso igualitario a los medios de comunicación, la nueva legislación no sería imprescindible. Ante el evidente desplante del sector político, o el amagar y no dar del Congreso Nacional, la Junta podría salir adelante. El proceso no sería perfecto, pero mejor que si se mete en miedo y no actúa como debe hacerlo una autoridad consciente de sus responsabilidades y de la empresa puesta en sus manos. No fueron los partidos que la llamaron para que a manera de  bombero apagara un fuego que no podían por sí solos. Fue la Junta que decidió motu proprio ocuparse de asuntos que aparentaba que no eran de su incumbencia. Ese poder reglamentario le fue señalado en múltiples ocasiones y siempre se excusaba. Ahora saca de abajo y se basta por sí misma... JUNTA ATREVIDA.- Una Junta Central Electoral atrevida, en el mejor sentido de la expresión, sería solución inmediata a la renuencia de los partidos o del Congreso Nacional de aprobar la nueva legislación. Todo acto implica consecuencias. Si permiten que el organismo reivindique su autoridad, aumente su esfera y haga lo que nunca hasta ahora, después que no se quejen, ni acusen, ni descalifiquen. Se supone -por igual- que así como la JCE encontró de donde agarrarse para ser más diligente, y hasta autoritaria, ellos serán más obsecuentes. Los conflictos a resolver y las situaciones a dirimir no desaparecerán por arte de magia. La Junta, sin embargo, podrá auxiliarlos, aunque sea por la izquierda. Aunque no con advertencias o recordando su poder reglamentario, sino usando sus facultades. No ya las que tenía antes y que no eran suficientes, sino las que descubrió ahora. Son las mismas, pero con mayor arresto. Llegará el momento en que no hablará de modo general, en que será más específica y llamará cada cosa por su nombre. ¿Habrá entonces lugar a amparo, ir al Tribunal Superior Electoral y procurar justicia ante una Junta que reinterpreta la Constitución y las leyes vigentes y se constituye en una entidad más poderosa? No debe olvidarse que no se cambia de ley, sino de actitud, y que tienen que originarse dificultades cuando una conducta se origina o establece de repente.

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