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08 de mayo del 2021

Opinión

¿Qué pasa en España y al otrora ‘prócer’ Rajoy?

Raúl Pérez Peña (Bacho). En España parece que se soltó alguien y no fue precisamente un “loco” ni demente. Según Europa Press: “El Gobierno del PP dejará su puesto en los próximos días sin haber publicado en el Boletín Ofi cial del Estado (BOE) el patrimonio del presidente y de los ministros y altos cargos […]




Raúl Pérez Peña (Bacho).
En España parece que se soltó alguien y no fue precisamente un “loco” ni demente. Según Europa Press: “El Gobierno del PP dejará su puesto en los próximos días sin haber publicado en el Boletín Ofi cial del Estado (BOE) el patrimonio del presidente y de los ministros y altos cargos en el momento de su nombramiento. Otro cable de agencias informativas recuerda que: “El extesorero del Partido Popular (PP), Luis Bárcenas, ha acusado a la formación política de contar con un sistema de fi nanciación paralelo desde, al menos, 1982, en el que los órganos de dirección y gestión eran “plenos conocedores” del origen y destino de las donaciones y, entre ellos, se encontraban los presidentes Manuel Fraga, José María Aznar y Mariano Rajoy”. Entonces, hay palabras y falta mucha tela por cortar en ese berenjenal que incluye al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y otras formaciones políticas. Basta leerse la prensa española y de demarcaciones vecinas. Lea estas líneas narrativas: “La peor semana de la larga vida política de Mariano Rajoy empezó con una fiesta. Ya había caído la noche en un Madrid húmedo que amenazaba tormenta y el Presidente estaba muy cansado pero eufórico”. “Solo ocho días después, el Presidente estaba con esos mismos colaboradores... en otro restaurante cerca del Congreso. Pero ya no era una fiesta, sino su funeral político”. “Ocho horas estuvieron allí en una larguísima sobremesa. Ellos dicen que estaba trabajando, pegado al teléfono, tratando de gestionar la situación. Pero la imagen de un Presidente ahogando las penas en whisky, mientras en el Congreso se debatía la moción de censura para echarlo, fue demoledora. Humillado, Rajoy abandonó el restaurante mientras varias televisiones y radios españolas, e incluso algunas extranjeras, registraban la escena de ese hombre con la mirada perdida que, después de 35 años en la política, esperaba dejar en la retina de los españoles una impronta muy diferente”. El único problema que pudo encontrar el exgobernante es que sabían nadar las penas que quiso ahogar en whisky.

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