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17 de abril del 2021

Opinión

Qué se dice:Un palo acechao

Parecerá  una superficialidad, de esas que irritan la fina  sensibilidad  del Ministro de Hacienda, pero no hay otra manera de describir la decisión del Gobierno de someter al Congreso un proyecto de modificación a la Ley General de Presupuesto  del 2017, que   le permitirá obtener financiamiento  adicional para la construcción de la termoeléctrica de Punta […]




Parecerá  una superficialidad, de esas que irritan la fina  sensibilidad  del Ministro de Hacienda, pero no hay otra manera de describir la decisión del Gobierno de someter al Congreso un proyecto de modificación a la Ley General de Presupuesto  del 2017, que   le permitirá obtener financiamiento  adicional para la construcción de la termoeléctrica de Punta Catalina por un monto de RD$29,514.7 millones. Horas  antes de iniciarse la sesión  del Senado del pasado miércoles  se presentó  Donald Guerrero al despacho  de Reinaldo Pared Pérez con una carta en la mano y el proyecto bajo el brazo, que fue conocido en la sesión de ese mismo día y enviado a la Comisión de Hacienda.  La sorpresiva maniobra cogió fuera de base a todo el mundo, empezando por los legisladores de la oposición, que de inmediato reaccionaron rechazando que se modifique el Presupuesto General del Estado para asignarle mayores recursos,  sustentados en más endeudamiento, a la construcción de Punta Catalina. El diputado Alfredo Pacheco, vocero del PRM, dijo que no se opone a que esa planta se termine “pero no debe ser a base de más endeudamiento”, opinión que  comparte el vocero del PRSC, Máximo Castro Silverio, quien considera inaceptable que el Gobierno esté tratando de terminarla en base a un “escandaloso endeudamiento”. No hay dudas de que esas  críticas contribuyen a que nos creamos la celebrada mentira de que esta es una verdadera democracia, con poderes independientes etcétera, etcétera, pero no impedirán lo inevitable. Que  el Congreso,  sello gomígrafo del Poder Ejecutivo, apruebe  la modificación solicitada,   aumentando la  deuda que dejarán a las próximas generaciones de dominicanos los peledeístas, convencidos de que sus descendientes, que desde ahora  tienen ya todos sus problemas resueltos, no cogerán tanta lucha como el resto de los herederos de este fallido paraíso tropical que alguna vez mereció el nombre de país.

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