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19 de abril del 2021

Opinión

¿Quién es dominicano?

Pero una lección del padre de la pandilla Sang Ben, fue “no defender tus razones, sino saber razonar”. Miguel Sang Ben. El inefable Donald Trump parece haber molestado a las avispas del vecindario, a que un grupo de maestrantes se hayan referido que lo que resienten de mi persona es que soy chino, y si […]




Pero una lección del padre de la pandilla Sang Ben, fue “no defender tus razones, sino saber razonar”.

El inefable Donald Trump parece haber molestado a las avispas del vecindario, a que un grupo de maestrantes se hayan referido que lo que resienten de mi persona es que soy chino, y si quieren más referencia, de la etnia han. Por lo que me lleva a mayor reflexión. Si lo que resienten es mi origen, ¿es que hay un espíritu xenofóbico, odio al extranjero?

Recuerdo a mi padre homónimo, es decir: también se llamaba Miguel Sang, en ocasión de celebrar su quincuagésimo aniversario de su estancia como santiaguero, dijo en su discurso  que Santiago lo aceptó como un hijo suyo y a sus hijos también, es la razón por la que me asombro de la evaluación de mi dominicanidad. ¿Será que nos hemos contaminado con el ultranacionalismo que inunda a la política de nuestro mundo post-moderno?

Las investigaciones científicas me dicen lo contrario. Empecemos por el racismo para mostrar una definición académica:

“Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.”

Ya que antropológicamente, animadversión entre los homínidos humanes (denominación aplicada al género neutro) se produce un rechazo al diferente, un rechazo al otro, por lo  que lo reconozco inevitable. Por otro lado, la misma antropología, en estudios de la experiencia religiosa, encuentra en común en las grandes confesiones monoteístas, incluyendo a un no-teísta, el budismo, por lo que su motivación común es destruir el egoísmo y enfatizar una universalidad de la condición humana.

Por lo tanto, debemos concurrir con el llamado del Papa Francisco, de que todas las religiones del planeta se unan en contra de esta epidemia de xenofobia a nivel mundial, y él ha señalado al inmigrante como la víctima propiciatoria, y en este momento me siento como uno. Y para los dominicanos parece concentrarse en los vecinos que compartimos la isla.

Un pecado mayor, porque en los estudios de geopolítica de la Hispaniola nos enfrentamos a que en el lado vecino evalúa al dominicano como inferior porque la cultura hispánica no es superior a la francesa, y que también  somos inferiores por ser mulatos. Este razonamiento es lo que estimula un fundamentalismo equivalente al ultranacionalismo dominicano.

Pero una lección del padre de la pandilla Sang Ben, fue “no defender tus razones, sino saber razonar”. Ese razonamiento lo encontramos en un verso tomado del epitafio de Bertolt Brecht que es la verdad mayor:

Escapé de los tigres alimenté a las chinches comido vivo fui por las mediocridades.

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