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16 de abril del 2021

Opinión

Rebelión Democrática en el PRM

Por ALBERTO TAVAREZ FERNANDEZ.  La sacudida que experimenta el Partido Revolucionario Moderno como reacción a las pretensiones del  liderazgo bicéfalo hegemónico de imponer sus favoritos en el actual proceso de elección interna, constituye una verdadera rebelión democrática que devuelve a los sectores progresistas la esperanza de que el PRM pueda cumplir su misión histórica de superar los […]




La sacudida que experimenta el Partido Revolucionario Moderno como reacción a las pretensiones del  liderazgo bicéfalo hegemónico de imponer sus favoritos en el actual proceso de elección interna, constituye una verdadera rebelión democrática que devuelve a los sectores progresistas la esperanza de que el PRM pueda cumplir su misión histórica de superar los vicios del viejo PRD y  convertirse en una verdadera opción política en el país.

El “acuerdo de aposento” mediante el cual Hipólito Mejía y Luis Abinader decidieron repartirse la Presidencia y la Secretaría General del Partido entres sus parciales José Ignacio Paliza y Carolina Mejia, a la usanza del viejo partido, ha provocado una conmoción en el liderazgo intermedio y de base de la organización que pone en entredicho la legitimidad de estos dos caciques políticos.

El apoyo abierto a las aspiraciones del Secretario General Jesús –Chu- Vásques por parte de dirigentes del más alto nivel del grupo de Abinader, como Eligio Jáquez, Orlando Jorge Mera y su aliada coyuntural Milagros Ortiz Bosch, si no se interpreta como un cuestionamiento a la autoridad de su jefe político, entonces se trata de que el pasado candidato presidencial del PRM está bajando una línea en sentido opuesto a lo pactado con Mejía.

En el caso de la candidatura de Paliza a la Presidencia del Partido se da un escenario similiar, pero en sentido inverso: la gente de Hipólito reparte sus adhesiones entre Jesús Feris Iglesias y Andrés Bautista, sin que se tenga claro si actúan por cuenta propia o por mandato de su jefe, situación que aumenta la confusión generalizada y crea serias dudas de que finalmente los resultados de la convención sean cónsonos por lo acordado por los dos jerarcas perremeístas.

Pero hay otros embrollos en el tejemaneje de los “modernos”: no es sólo que los seguidores de Luis Abinader mayoritariamente no están apoyando a Carolina Mejía, sino que el sector mejor más organizado e institucionalizado del PRM, el Frente Agropecuario, se mantiene firme en el apoyo a su líder Leonador Faña, quien mantiene sus aspiraciones en franco desacato a la línea bajada por Hipólito Mejía de apoyar a su hija a la Secretaría General.

El indefinido escenario anteriormente descrito pone en perspectiva la posibilidad de una nueva posposición de la Convención fijada para el próximo 18 de marzo, esto si los organizadores del evento eleccionario reeditan la práctica antidemocrática puesta en boga por el viejo PRD y asumida por el PLD en su actual etapa de liderazgo bicéfalo: no celebrar los procesos  de toma de decisiones hasta que los líderes se pongan de acuerdo y tengan el control de los resultados.

La Torre de Babel que es hoy el Partido Revolucionario Moderno por la confusión de lenguas en la prédica del “evangelio” partidario, es probablemente lo que provocó la burla del extrovertido dirigente peledeísta Euclides Gutiérrez Félix al llamar recientemente a esta organización “grupo de cómicos”, tras declarar con sorna que el PLD gobernará por muchos años porque en el país no hay oposición.

La responsabilidad del afable y culto Tony Raful al frente de la Comisión Nacional Organizadora de la Convención es enorme. Su gran capacidad de concertación será puesta a prueba en un evento cuyo éxito o fracaso puede ser definitorio para las posibilidades electorales del PRM en las elecciones del 2020, lo cual depende de cómo se module la tensión entre la pretensión autoritaria de los jefes  y la creciente rebelión democrática que defiende la libre elección.

Esta encrucijada en la que han caído los dos presidenciables del PRM resulta absurda e incomprensible. Nadie entiende por qué tenían que hacer un acuerdo  para repartirse el pastel de la administración del partido, cuando para ellos era más conveniente que los diferentes candidatos desarrollaran sus campañas y su intervención se produjera en el momento oportuno para buscar los consensos que fueran congruentes con una acertada táctica política.

Si desde la óptica política se cuestiona la avasallante determinación de Hipólito Mejía de imponer a su hija “a trocha y mocha” en la nomenclatura partidaria, desde el punto de vista humano su actitud pudiera interpretarse como el esfuerzo del patriarca cuyos últimos bríos quiere dedicar al establecimiento de su legado político, proyectado en el miembro de su familia que ha escogido para la sucesión, en este caso su hija Carolina.

Lo que no se entiende son las razones de Luis Abinader, a quien se considera que cayó en una trampa. Con un liderazgo mayoritario en el partido que en lo formal heredó de su padre, Luis podía perfectamente permitir que todos los candidatos corrieran a las diferentes posiciones, y en el momento adecuado propiciar los acuerdos y bajar las líneas más convenientes a sus intereses, y no exponerse a la tensión e incertidumbre del presente.

Más aún, nadie entiende por qué Luis se la está jugando con dos candidatos, José Ignacio Paliza y Carolina Mejía, que por sus perfiles socio-políticos y su edad se perfilan como potenciales competidores por la candidatura presidencial en el futuro inmediato o mediato, por lo que estaría afilando cuchillo para su propia garganta. La posible comprensión –aunque un poco tardía- de esta realidad pudiera explicar el cambio de señas en el grupo de Abinader.

La situación de los dos pupilos escogidos por los jefes partidarios se hace más precaria porque ha ido tomando terreno el argumento de Chu Vásquez y asumido por otros dirigentes de la organización, en el sentido de que Paliza y Carolina, por ser “blanquitos y riquitos” no conectan con los sectores populares que son la base social del PRM, además de que no conocen el partido ni tienen una actitud ni un discurso de oposición al gobierno.

Vistas así las cosas, el panorama de la Convención del PRM resulta nebuloso. Sólo resta esperar que se imponga la democracia interna, y que resulten ganadores los que verdaderamente “ganen”, para bien de ese partido y de la democracia dominicana.

atavarezf@gmail.com

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