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19 de abril del 2021

Opinión

Refrescando advertencias del pasado

Viendo lo que está ocurriendo en el ámbito de la justicia, tratando de aclarar actuaciones de pasados funcionarios públicos y allegados a sectores de poder, creo prudente refrescar memorias con lo que escribí en varias ocasiones en esta misma columna. Una de ellas el año 2017. Dicho artículo se tituló: “Ebrios, con anteojeras y sin […]




Viendo lo que está ocurriendo en el ámbito de la justicia, tratando de aclarar actuaciones de pasados funcionarios públicos y allegados a sectores de poder, creo prudente refrescar memorias con lo que escribí en varias ocasiones en esta misma columna. Una de ellas el año 2017. Dicho artículo se tituló: “Ebrios, con anteojeras y sin olfato” Decía: “Sectores que por su condición se supone que tienen más conocimiento que el resto de la sociedad acerca de lo que ocurre en el país y el mundo, muchas veces actúan como si estuvieran borrachos, sin olfato o usando anteojeras. Pero el que cree que la mayoría de la gente es tonta, subestima la capacidad popular. Esa mayoría, que no tiene que guardar ciertos requisitos sociales, y que normalmente está libre de cualquier tipo de inhibiciones y sin anteojeras, se fija en lo que ocurre delante de ellos y a su alrededor” “De tontos no tienen nada. Saben o perciben, como dice la vieja canción, de dónde sacan, pa’tanto como destacan. Y eso crea en la mentalidad popular, una actitud que los conduce a la incredulidad, o a las dudas”. “Se parecen a dos conocidos compadres que acostumbraban salir de tragos, y una noche, de regreso a sus casas, tambaleándose por los efectos de alcohol, caminaban abrazados para no caerse. Cuando de repente uno de ellos detuvo el paso, y el otro le preguntó, ¿compadre por qué se detiene?, y él le contestó, oh compadre, y usted no ve esa cantidad de desperdicios humanos en el medio del camino. Pero el otro le contestó, no, compadre, eso es lodo”. “No, le replicó el otro, son excrementos. Que no compadre insistió, es lodo. Fíjese, y entonces, sosteniéndose de él con una mano para no caerse, con la otra metió los dedos en lo que había en medio del camino y se lo untó en los brazos y la ropa. Y haciendo equilibrio, se embarró las dos manos, pero, al pasárselas cerca de la cara, se quedó paralizado. Entonces el otro le preguntó, ¿ qué pasa, compadre?, y él le contestó, creo que usted tiene razón, no es lodo, es excremento. Así compadre, que tratemos de desecharla para no ensuciarnos los zapatos” “Algunos sectores, públicos y privados, borrachos de poder y obnubilados por sus bonanzas, porque de diferentes maneras han sido socios, aliados o canchanchanes, al parecer no les importa la cantidad de desperdicios humanos encontrados en el camino. Ebrios, con anteojeras y sin olfato, no obtemperan, a pesar de las múltiples advertencias” Expuse además: “Su borrachera es peor que la de los dos compadres, porque aquellos, aunque se embarraron las manos, por lo menos notaron diferencia entre el olor y la apariencia, y la desecharon. Pero estos prefieren seguir embarrados de arriba a abajo, aunque para disimularlo, luzcan ropa nueva y zapatos limpios” Qué pena que no escucharan. Que no obtemperaran. Si obnubilados de poder no le temieron a las advertencias del hombre, por lo menos debieron temerle a Dios. Como ciudadano no puedo dejar de sentir pena y lástima. Por Teófilo Quico Tabar.

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