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15 de abril del 2021

Política

Reinaldo y sus razones

Luis Encarnación Pimentel.  El secretario general del PLD y presidente del Senado, Reinaldo Pared, perdió una oportunidad de oro para reivindicarse con el expresidente Leonel Fernández, soltarse de las ataduras del poder que le han impedido hacer de árbitro partidario, además de cumplir efectivamente con el rol de fiscalizador que le corresponde como senador. La […]




Luis Encarnación Pimentel.
 El secretario general del PLD y presidente del Senado, Reinaldo Pared, perdió una oportunidad de oro para reivindicarse con el expresidente Leonel Fernández, soltarse de las ataduras del poder que le han impedido hacer de árbitro partidario, además de cumplir efectivamente con el rol de fiscalizador que le corresponde como senador. La sola renuncia a medirse en una apuesta desigual del danilismo, aunque aporte a la causa de Fernández, no sería suficiente para ser ente de confianza y para retomar el equilibrio con el que había podido manejarse con éxito por largo tiempo frente a las dos figuras que comparten el liderazgo de su organización. Aunque indignado porque (culpa del líder, de más nadie) con la entrada sorpresiva al escenario de “un nuevo actor que por más de un año estuvo montando su proyecto, usando como plataforma uno de los ministerios más importantes del Estado, todas las normas de justicia y de equidad fueron violentadas groseramente”. Reinaldo se desahoga, pero no da el salto ni quema las naves (¿). Razones especiales habrían llevado al cabeza del Senado, primero, a inclinar la balanza en momentos puntuales para el lado de Medina; segundo, para no dar el paso de apoyar de inmediato a Leonel, pese a reconocer en privado que su candidatura “ya es indetenible”, y, tercero, para no motorizar ninguna acción de invalidación de la precandidatura del “delfín” Gonzalo Castillo, como estaría buscando el joven aspirante Manuel Crespo. Y es que, a un viejo “agradecimiento” personal -y hasta factor familiar- para con el presidente Medina, se sumaría la promesa inicial de que él, Reinaldo, sería el “elegido” entre los seis primeros mandados a “lanzarse” (¿). Aunque no es descartable que a todos los tirados al aire sin paracaídas, desde lo alto (y no Dios) les dijeran lo mismo. El énfasis advertido por Reinaldo con su persona era como para que se lo creyera, y se lo creyó. Máxime, cuando hasta le habrían señalado eventual compañera de boleta, doña Margarita Cedeño, de nuevo (?), quizá buscando “neutralizar” a su esposo, y hombre a vencer en la contienda interna y en los comicios generales del 2020, el doctor Fernández. Hoy, a sus 44 años de militancia en el PLD y afectado hasta “lo más hondo de su dignidad”, al observar “una clara intervención de una gran parte del gobierno” en favor del último de los aspirantes, Reinaldo tiene que sentirse utilizado y traicionado, por más “agradecimiento” o silencio obligado por el medio. ¿Y el paso, “pa’cuándo”?

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