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23 de abril del 2021

Opinión

Respetar la ley

Luis Encarnación Pimentel. Retomo unas líneas escritas en ocasión del 6 de noviembre, Día de la Constitución, en las que me reafirmo como terco defensor de la institucionalidad y abanderado de la idea-propuesta del magistrado presidente del Tribunal Constitucional, doctor Milton Ray Guevara, de que el país se embarque en crear una cultura constitucional, de […]




Luis Encarnación Pimentel.
Retomo unas líneas escritas en ocasión del 6 de noviembre, Día de la Constitución, en las que me reafirmo como terco defensor de la institucionalidad y abanderado de la idea-propuesta del magistrado presidente del Tribunal Constitucional, doctor Milton Ray Guevara, de que el país se embarque en crear una cultura constitucional, de respeto por la ley y el orden. Y en efecto, si contamos para regirnos con una Carta Magna  avanzada, y con buenas leyes y normas para todo, ¿por qué la gran percepción - que es  realidad amarga- de que vivimos en un desorden, sin reglas efectivas para que funcione el régimen democrático, la seguridad jurídica o de que las leyes se cumplen solo cuando hay un interés fuerte u “orden superior” detrás? Donde la ley no se cumple o la misma  no es igual para todos, sino “dependiendo”, hay mucho riesgo de que se cometan grandes abusos, de que ocurran injusticias o se deniegue justicia. Si queremos  que en el país haya un estado de derecho, los instrumentos que se ha dado la sociedad en favor del bien común deben funcionar a cabalidad. Y si hay Constitución, leyes, decretos, normas y reglamentos que no se cumplen ni se hacen cumplir, la culpa es  -y ha sido siempre- de la falta de voluntad de gobernantes y de gobernados, de todos. En pocas palabras, la falla no ha sido de un gobierno o de un sector en particular, sino de una sociedad en descomposición, que amerita revisarse, y que no ha hecho de la necesidad de fortalecimiento institucional un proyecto de nación.
Y apena que en vez del debate serio, legisladores, dirigentes y partidos políticos se anden por las ramas, jugando al retorcimiento jurídico o a la búsqueda de “bajaderos” coyunturales, procurando que mandatos claros de leyes y de la propia Constitución sean interpretados o “acomodados” a intereses o conveniencias (¿). Igualmente, figuras públicas de las que en un momento la sociedad esperaba que, ya desde el CP del PLD, la Suprema u otra  alta instancia, hicieran de árbitros y de referentes éticos al país ante un tranque institucional importante, se inclinaron por una decisión u opinión simpática a los oídos del poder político de turno, simbolizado en Balaguer, Hipólito, Leonel o Danilo, indistintamente. Así no se hace Patria, sino que se juega al oportunismo político(¿). ¡A quien  le quepa el sombrero!..(¿).

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