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14 de abril del 2021

Opinión

Ruta del 2020

Luis Encarnación Pimentel. Aun teniendo claro que el factor legal y las circunstancias políticas a franquear pesan mucho para poder empujar en serio y con éxito otro proyecto de reelección presidencial para el 2020, se entiende que el presidente Danilo Medina dejará una ventana abierta o una incógnita en el ambiente con respecto al continuismo, […]




Luis Encarnación Pimentel.
Aun teniendo claro que el factor legal y las circunstancias políticas a franquear pesan mucho para poder empujar en serio y con éxito otro proyecto de reelección presidencial para el 2020, se entiende que el presidente Danilo Medina dejará una ventana abierta o una incógnita en el ambiente con respecto al continuismo, en su rendición de cuentas del 27 de febrero ante el Congreso Nacional. Es lo que estilan por aquí los presidentes -aun pensaran en lo institucional o tuvieran algún sentido de la historia-, por una simple lógica del manejo del poder. Pese una impronta que exhibir -como tienen los gobiernos del PLD, aun con los errores y críticas pasadas de raya-, al gobernante le sería difícil despejar por completo el camino desde muy temprano, diciendo que no va, aguantando a los que lo promueven y planteando que sería un ente de equilibrio en su organización, por el riesgo natural a que muchos de los que le acompañan pierdan el entusiasmo y las expectativas. Pero no solo para evitar la llamada “soledad del poder”, sino porque a la hora de negociar la cuota de poder correspondiente con quien finalmente sea el candidato, debe tener la mayor fortaleza posible para hacerlo en condiciones ventajosas. Todavía falta mucho por verse -y decirse- de aquí a agosto, por lo menos (no solo los letreros del 27, cuya “logística“ se atribuye a Bichara; las proclamas de funcionarios “agradecidos” con su cargo, y el uso indebido de Reinaldo del escenario solemne de la Asamblea Nacional para enviar señales que nada ayudan a la tradicional unidad morada ni al fortalecimiento institucional del país), antes de que se dé una negociación de alta política entre Danilo y Leonel, como entiendo que habrá de ocurrir, y se defina de manera inteligente la candidatura del PLD. Aun dijera el Administrativo Peralta que “lo de Danilo es trabajar y trabajar para hacer un buen gobierno”, habrá gente que estimule por un tiempo el “bateo y corrido” de Medina. Pero Danilo dejará hacer, ganará tiempo, sopesará los costos políticos y las consecuencias de por medio (¿?), y al final dirá la última palabra. Y como dijera Peralta, será un factor determinante en el proceso del 20 (Leonel lo fue en los dos triunfos de Danilo). Por cierto, el doctor Almeyda dijo en la televisión hace poco que el expresidente Fernández aboga por la unidad interna y por el apoyo del Partido a la gestión de gobierno, pero lanzó la tesis de que: “La única forma de evitar que Leonel sea candidato del PLD en el 2020, es creando un desastre constitucional en el país”. Creo que, como “culebra no cae en lazo”, en vez de un desastre, ahora ocurriría un “sacrificio” y un apoyo a la inversa, entre Danilo y Leonel.

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