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23 de abril del 2021

Opinión

Salomón, el PLD y la mar

Pablo McKinney. pablomckinney@gmail.com. O sea, que uno no hablaba “caballá” cuando recordaba a los peledeístas un viejo axioma de la política: “sin unidad no hay victoria”, y si ocurriese el milagro, sería entonces una victoria tan pírrica que se parecería demasiado a una derrota. Sin unidad no hay victoria y siempre se pierde, -total o […]




Pablo McKinney.
pablomckinney@gmail.com.
O sea, que uno no hablaba “caballá” cuando recordaba a los peledeístas un viejo axioma de la política: “sin unidad no hay victoria”, y si ocurriese el milagro, sería entonces una victoria tan pírrica que se parecería demasiado a una derrota. Sin unidad no hay victoria y siempre se pierde, -total o parcialmente-, pero se pierde, y más aún en unas elecciones que serán más observadas que el escote de la Maja vestida que, como se sabe, fue siempre la más puta y libertina de las dos. Uno lo dijo hace mil años, y las últimas semanas no han hecho sino otorgarle la razón y confirmar el valor de la vieja expresión popular: “No hay peor cuña que la del mismo palo”. Todo esto es lo que explica que, oficializada ya la división del PLD con la salida de Leonel Fernández, ese partido solicitara a la JCE la exclusión de 176 candidaturas de personas que figuran en las boletas de otras organizaciones, (sobre todo del leonelista partido LFP y aliados) luego de participar en las primarias de la organización, violando así una ley de partidos más corregida que un hijo único y malcriado. Precisamente, observando lo que ha terminado siendo esa ley que por lustros fue una de las utopías de la democracia dominicana es cuando uno regresa al refranero popular para lamentarse: ¡“Tanto nadar para morir en la orilla”! Pero como “donde las dan las toman”, el otro pedazo morado -ahora verde- de LFP, ha reaccionado al misil peledeísta sobre el transfuguismo posible, con la bomba de hidrógeno que representa el someter al pleno de los diputados una resolución “para que se investigue el uso de fondos públicos destinados a la adjudicación de 39 contratos por un valor RD$11,500 millones en el Ministerio de Obras Públicas, así como la asignación grado a grado mil millones de pesos a la empresa ASIMRA”. Eso se llama golpear donde duele, tirar a matar. Y ahí sigue “La guerra de los Rose”, el infanticidio morado por falta de un sabio Salomón dispuesto a salvar a la criatura dándole un baño, pero no en el río sino en la mar, según el verso de Rubén Darío dedicado a la señorita De Bayle. Cántala otra vez, Eladia Blázquez: “Qué caro hay que pagar el precio de vencer...”.

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