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14 de abril del 2021

Opinión

Santo Domingo, calor y calidad de vida

La sensación de asfixie y/o de calor sofocante es, sin lugar a dudas, uno de los cambios cualitativos más importante que sentimos en la ciudad de Santo Domingo estos últimos años, y que afecta nuestra calidad de vida… y nuestra economía. Los planificadores urbanos tendrán que evaluar ¿qué ha pasado? La consecuencia de un urbanismo […]




La sensación de asfixie y/o de calor sofocante es, sin lugar a dudas, uno de los cambios cualitativos más importante que sentimos en la ciudad de Santo Domingo estos últimos años, y que afecta nuestra calidad de vida… y nuestra economía. Los planificadores urbanos tendrán que evaluar ¿qué ha pasado? La consecuencia de un urbanismo desenfrenado, mal pensado, no adaptado al clima subtropical, nuestro, sin lugar a dudas. 1º Las recientes torres construidas, en fila, en la avenida Anacaona, por su uniformizada altura, se transformaron en barreras arquitectónicas contra el paso de las brisas marinas propias de una isla: la consecuencia es el calor detrás de esa avenida, 2º no respetaron los linderos necesarios en relación con esa altura, consecuencias: la brisa del Parque Mirador no circula, se queda atrapada entre las voluptuosas calles de Los Cacicazgos y detrás, la 27 de Febrero, que se transformó en un corredor vehicular inaguantable por los gases de combustión y los tapones, también es una larga barrera térmica. 3ro. Las torres se concentraron en el Polígono Central y en Gascue, sin modificar el tamaño de las calles, consecuencias: no pueden evacuar el aire caliente producido por los vehículos, este se queda atrapado en esos perímetros urbanos. Si añadimos a esa descripción los impresionantes mall, las plazas-parqueos, los túneles y elevados que parten la ciudad en dos, tenemos un resultado aterrador para la calidad de vida del habitante de nuestra ciudad. Investigaciones recientes revelan que espacios verdes de pequeño tamaño, distanciados de 100 a 200 metros en la ciudad, reducen las temperaturas porque los árboles y las áreas de hierba tienen ambos un efecto de refrigeración de las ciudades: los árboles suponen un efecto de enfriamiento que se nota a distancia y las áreas de hierba aumentan la cantidad de enfriamiento, por lo que la combinación de ambos resulta ideal. Es bueno recordar que recientes investigaciones relacionan las islas de calor urbana con algunas tipologías de viviendas (torres), que en verano llegan a duplicar la demanda estimada de refrigeración y agua. Destacan por ello la necesidad de replantearse tanto las estrategias de diseño de los edificios residenciales con el clima, así como los elementos pasivos y activos que intervienen en el acondicionamiento interior de los apartamentos, para propiciar un importante ahorro energético (petróleo, gas, agua) y contrarrestar los efectos de la isla de calor urbano. Es fácil entender que los mall, las torres, las plazas comerciales, las oficinas-bunkers son grandes consumidores de energía, pero es más fácil entender todavía que, producto de la improvisación urbanística y la sobre densificación de algunas áreas de Santo Domingo, se dispara irresponsablemente ese consumo energético que se traduce, para el país, en un costo inequitativo, ya que lo soportan también los infelices que sudan en la ciudad. Por: Amparo CHANTADA.

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