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13 de mayo del 2021

Opinión

SDO: ¿Municipio o arrabal?

Santos Aquino Rubio. Desde su creación en los albores del presente siglo, el municipio Santo Domingo Oeste está a la espera de una gestión que transforme sus estructuras y la convivencia en espacios que permitan al ciudadano vivir dignamente, con higiene, seguridad y paz. Sin embargo, gestión tras gestión, el deterioro de las vías de […]




Santos Aquino Rubio.

Desde su creación en los albores del presente siglo, el municipio Santo Domingo Oeste está a la espera de una gestión que transforme sus estructuras y la convivencia en espacios que permitan al ciudadano vivir dignamente, con higiene, seguridad y paz.

Sin embargo, gestión tras gestión, el deterioro de las vías de acceso a los sectores de mayor actividad económica y residencial es marcado, construcciones desordenadas, aceras y contenes atiborradas de buhoneros, creando una especie de caos en cada sector.

El puente peatonal del kilómetro nueve y su entorno es un descuidado mercado como el de la Avenida Las Palmas, con una mezcla de vicio, delincuencia, desorden e higiene marcadamente cuestionable. Un transporte desordenado, porque los carros públicos, los motoristas y las llamadas voladoras, se apoderan de las vías sin permitir a nadie transitar como manda la Ley. Para regular esto ni se registra ninguna autoridad que pueda disponer de reglas municipales de control. Ni hablar de la Zona Industrial de Herrera.

Este municipio ha sido tan cenicienta, que ni el Gobierno Central se ha preocupado en construir un edificio para los servicios de oficinas públicas, porque sus mayores intereses económicos y políticos están en Santo Domingo Este, que es de los seis nuevos municipios el que lo recibe todo.

Las calles de acceso a los sectores, salvo en la que está ubicada la residencia del síndico, acusan un deterioro considerable, la recogida de la basura es lenta, el agua llega a veces. El entorno al Play y al local de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) y el pequeño parque también convertido en mercado con carnicerías en el centro y ruta de motores que constituyen su mayor atractivo.

Ni siquiera el cabildo tiene un edificio propio y opera en el de la biblioteca Antonio Guzmán Fernández que ha dejado de funcionar como tal. Si la autoridad municipal no hace nada, el Gobierno Central debe asumir su rol, porque los que allí residen también tienen derecho.

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