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19 de abril del 2021

Opinión

Se nos van…

Ruddy L. González. Cuando Enfry Taveras se quitó la vida, a finales de enero del 2014, el equipo de la Redacción de Última Hora nos reunimos en la funeraria, y al tiempo de llorar su muerte, reafirmamos la familiaridad, la camaradería que vivimos durante aquellos buenos tiempos del exitoso proyecto periodístico, que fuera abortado en […]




Ruddy L. González.
Cuando Enfry Taveras se quitó la vida, a finales de enero del 2014, el equipo de la Redacción de Última Hora nos reunimos en la funeraria, y al tiempo de llorar su muerte, reafirmamos la familiaridad, la camaradería que vivimos durante aquellos buenos tiempos del exitoso proyecto periodístico, que fuera abortado en el 2003 por la impronta del Gobierno. Poco después de un año, en julio del 2015, volvimos a juntarnos en la funeraria y el cementerio, esta vez con el pesar del fallecimiento de Papito Lebrón. Y ahora, un año después, este lunes y martes, nos encontramos de nuevo ante el inesperado fallecimiento de Leo Hernández. La relación de amistad que logramos en la Redacción de UH, el equipo que conformamos, era envidiado por los periodistas que laboraban en muchas otras redacciones periodísticas del país. Manuel Quiroz, Ricardo Rojas, Vivian Jiménez, Juan Deláncer, Sara Savarín, Cándida Figueroa, Mildred Minaya, Josefina Navarro, Inés Aizpún, Cándida Figueroa, Leo, Papito, Tony Pina, Pedro Angel Martínez, Arismendy Calderón, Felipe Mora, José Miguel Carrión, Dania Goris, Eli Heiliguer, Leonora Ramírez, Carlos Batista Matos, Daniel García Archibald, Matilde Howley, Héctor J. Cruz, Bienvenido Rojas, Enrique Rojas, Ramón Rodríguez, Joel Adames, Juan Manuel García, Osvaldo Santana, Namphi Rodríguez, son algunos de los nombres que me llegan a la mente en este momento en que recreo aquel equipo ‘todo estrellas’ que interactuamos por años en la segunda generación del staff de Última Hora. La partida de Leo nos sacude hoy de nuevo.
Su acostumbrado ‘jijiji’ llenaba cada mañana de alegría a la Redacción UH, más cuando se contagiaba con la risa de Sara Savarín en sus ‘bellaquerías’ y complicidades al redactar la picante columna Trizas, uno de los íconos del vespertino. La partida de Leo, un periodista de 24 horas como se ufanaba de calificarse, deja un vacío más en esta generación de verdaderos periodistas, comprometidos con la objetividad y el verdadero ejercicio de la información. Paz a sus restos.

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