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06 de mayo del 2021

Política

Se resisten al cambio

Orlando Jorge Mera. Siempre estuve claro que la implementación de la ley de partidos no sería color de rosa. El camino estaría lleno de piedras y de obstáculos, sobre todo, por una clase política que nunca había sido objeto de regulación. O dicho de otra manera, partidos que sabían imponerle todo tipo de regulación a […]




Siempre estuve claro que la implementación de la ley de partidos no sería color de rosa. El camino estaría lleno de piedras y de obstáculos, sobre todo, por una clase política que nunca había sido objeto de regulación. O dicho de otra manera, partidos que sabían imponerle todo tipo de regulación a diferentes sectores, pero nunca a ellos mismos. Pues, llegó el momento. Resistir al cambio puede ser lo peor que le pase a la clase política. La democracia dominicana necesita urgentemente oxigenarse. No hay dudas de que en 14 años consecutivos del PLD, la democracia se ha degradado, como consecuencia del control absoluto que tiene de todos los poderes del Estado. Esto ha contribuido a que partidos entren en procesos declinantes, a veces irreversibles, precisamente porque no supieron en su momento interpretar los cambios de la realidad social, y han fracasado en su capacidad para sintonizar con las demandas y las aspiraciones y necesidades de sus electores. Desde hace más de veinte años, la sociedad dominicana, y sobre todo la dirigencia de los principales partidos políticos, venía reclamando la aprobación de la ley de partidos. Seminarios, talleres, conferencias, paneles, dentro y fuera de las universidades, se celebraron para reclamar esta legislación. Algunos parece que se quedaron petrificados en esa época. Nuestro relato es otro. Necesitamos recuperar los tres pilares en los que se soporta la democracia: la representación, la deliberación y la legitimidad de sus decisiones. La realidad finalmente se impuso. Los diputados del PRM entendieron la situación, y la Dirección Ejecutiva del partido, respaldó la aprobación de la ley de partidos, conscientes de que ese texto no es la ley ideal. Primó el hecho de que necesitábamos una ley que norme las actividades de los partidos y que regule el periodo de precampaña. Si la ley de partidos tiene o no artículos que son inconstitucionales, esto deberá ser resuelto por el Tribunal Constitucional. Por supuesto, si esos artículos son inconstitucionales, no afectan la totalidad de la ley, que permanece vigente. Un partido político de esencia democrática tiene que estar en constante transmutación buscando principios y normas que permitan acoger inquietudes que tiendan a fortalecer y remozar sus estructuras para que no se anquilosen ni se petrifiquen. Lo anterior lo aprendí de José Francisco Peña Gómez quien siempre estuvo a la vanguardia. Es lo que esta haciendo el PRM.

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