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14 de mayo del 2021

Opinión

Sea franco… pero sin ofender

  Cada vez es más difícil cultivar la transparencia y la sinceridad en las relaciones interpersonales en el marco de la desvalorización que ha sufrido la amistad sincera. Verter una opinión con franqueza a un buen amigo, que no te la ha solicitado, a veces, produce un distanciamiento. “ten cuidado, esa dama es más frágil […]




 

Cada vez es más difícil cultivar la transparencia y la sinceridad en las relaciones interpersonales en el marco de la desvalorización que ha sufrido la amistad sincera.

Verter una opinión con franqueza a un buen amigo, que no te la ha solicitado, a veces, produce un distanciamiento.

“ten cuidado, esa dama es más frágil que un vidrio de Belén”, con esta voz popular, un conocido aconsejó a su esposa, que le había advertido que desvelaría un gran secreto a su amiga de infancia.
De entrada hay que ser muy cuidadoso ante interlocutores susceptibles, desconfiados y que no toleran que su “ego” sea puesto en cuestionamiento.

El chismoso es portador de los llamados “secretos del Reino” y es un personaje que merodea los despachos de dignatarios y gente de mucho poder: “Jefe le quiero decir algo como crítica sincera que está sucediendo a su alrededor”…

Muchas veces “el tiro sale por la culata” sobre todo, cuando el informante revela la fuente y ha tocado intereses sentimentales ocultos que el informado desconocía.

Para transmitir un criterio, no solamente hay que tener paciencia y escoger el momento y lugar oportuno para disparar, sino que el informado le tenga credibilidad al informante o consejero.
Hay que opinar sin humillar.

A veces un exceso de sinceridad y la imprudencia corren paralelos.
¿Imaginan ustedes la cantidad de informaciones que reciben los presidentes de la Republica?

Un conocido le confesó a su mejor amigo la supuesta infidelidad de su esposa, resultado: “Perdió al amigo y su ex amiga no puede verlo”…
“ Yo no tengo pelos en la lengua” es una auto calificación de la que se precian muchos imprudentes.

El deslenguado termina siendo aislado por los grupos más sensatos, pues es un inspirador de temores e incertidumbres.

En un ambiente donde se está tomando alcohol; en un grupo donde usted está debutando; en una festividad donde confluyen los más variados intereses políticos y económicos, lo aconsejable son las intervenciones neutras: “déjeme valorar eso”; “veo equilibrio en su opinión”; “estoy aprendiendo de ustedes.”…

La franqueza en la psicoterapia es un arma de doble filo:
“Señora su hijo es un adicto de mal pronóstico”; “Con mucho respeto, te aconsejo que rompa esa tóxica relación”; “No insista en que su hijo se gradúe a nivel universitario, quizás con tutoría debe hacer un nivel técnico”. La gente paga para escuchar lo que le desagrada y terminan como el avestruz rompiendo el vínculo terapéutico.

En el ejercicio de la política autóctona la simulación, la disimulación, la falta de sinceridad, la supuesta franqueza a conveniencia y las celadas llenas de ingratitudes son la regla.

Algunas recomendaciones que son una mezcla de Fouché, Maquiavelo y Baltazar Gracián, pueden ayudarle:
Mida consecuencias al hablar. “Somos amos de lo que callamos y esclavos de lo que decimos”. (Pascal).
Sea cauteloso con desconocidos.

A pesar de la confianza cultivada por años entre usted y sus aconsejados, los temas de dinero, de amoríos secretos y de traiciones políticas son sumamente delicados.

Y un consejo de la tradición popular: “En boca cerrada no entran moscas”…

Por:

César Mella

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