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17 de abril del 2021

Opinión

Seamos sinceros con Valle Nuevo

Osiris de León. Cuando en fecha 18 de septiembre del año 2016 subimos a Valle Nuevo para inspeccionar las condiciones ambientales del más elevado parque nacional incluido por Joaquín Balaguer dentro del texto del Decreto 233-96, nos sorprendió negativamente ver aquella extraordinaria depredación ambiental que era motorizada por una actividad agrícola, intensiva y extensiva, la […]




Osiris de León. Cuando en fecha 18 de septiembre del año 2016 subimos a Valle Nuevo para inspeccionar las condiciones ambientales del más elevado parque nacional incluido por Joaquín Balaguer dentro del texto del Decreto 233-96, nos sorprendió negativamente ver aquella extraordinaria depredación ambiental que era motorizada por una actividad agrícola, intensiva y extensiva, la cual se expandía aceleradamente en contraposición al texto de la Ley Sectorial de Áreas Protegidas 202-04, y donde era evidente que la mano de obra haitiana estaba administrando, controlando y deteriorando el suelo, el bosque y el agua superficial, mientras las autoridades ambientales y las comunidades ambientales permanecían silentes por entender que las actividades agrícolas merecen trabajar con tranquilidad porque producen alimentos que son indispensables para la sostenibilidad de nuestra creciente sociedad. Ese mismo día publicamos en nuestra cuenta de Twitter múltiples fotografías que evidenciaban la tala indiscriminada de grandes extensiones de bosques húmedos para dar paso a una agricultura que produce papas, brócolis, coliflor, zanahorias, fresas, y otros cultivos propios de climas fríos; y una semana después, el lunes 26 de septiembre de 2016, publicamos un artículo en este periódico elCaribe, el cual titulamos “Depredando a Valle Nuevo”, donde decíamos que “ al ver la gran destrucción del bosque nativo de Valle Nuevo, podemos apreciar que ningún huracán le ha hecho tanto daño como los recientes asentamientos humanos para labores agrícolas de tipo personal, labores que van desde el simple conuquismo individual hasta los grandes invernaderos”. Nuestras quejas públicas sobre el grave deterioro ambiental del parque nacional de Valle Nuevo motivaron que 3 días después, en fecha 29 de septiembre de 2016, el ministro de Medio Ambiente de entonces, Francisco Domínguez Brito, emitiera la Resolución 14-2016, otorgando un plazo de 120 días para que la agricultura saliera de Valle Nuevo, con el sorprendente hecho de que una Resolución, que debió recibir respaldo absoluto nacional, recibiera objeción de parte de sacerdotes de la Iglesia Católica, de parte de productores agrícolas que llevaron recursos de amparo ante el Tribunal Superior Administrativo para solicitar que sus ilegales actividades agrícolas dentro del parque nacional fuesen declaradas legales sobre el absurdo de declarar ilegal la Ley Ambiental 64-00 y la Ley Sectorial de Áreas Protegidas 202-04, así como objeciones de parte de importantes líderes de la comunidad ambiental que entendían que lo que procedía era “dialogar con los agricultores”, aunque el ministro de Ambiente fue claro al responder que el diálogo no impediría el necesario y obligatorio desalojo de Valle Nuevo. Fueron muchos los artículos que debimos publicar en este periódico elCaribe hasta lograr dejar bien claro que la zona alta de Valle Nuevo no debe ser zona agrícola, porque la agricultura desmonta los bosques y contamina las aguas con plaguicidas, pesticidas, fungicidas, herbicidas y otros agro químicos, aunque en los bordes inferiores del parque sí podría ser posible permitir una agricultura controlada y supervisada porque allí no hay impactos negativos a los bosques ni a las cabeceras de los principales ríos, pues cuando en el año 1996 se decidió dar a Valle Nuevo la categoría de parque nacional el objetivo primario era proteger los bosques húmedos en los nacimientos de los ríos Nizao, Grande y Las Cuevas, a los fines de garantizar el suministro de agua potable para las presentes y futuras generaciones. Pero ocurre que un desalojo agrícola que tuvo que ser emprendido por el ministerio de Ambiente, en contra de vientos y mareas de tormenta, porque muchos agricultores, comunicadores y ambientalistas se oponían al desalojo bajo el argumento de que allí se producen alimentos necesarios para la subsistencia, de repente ha producido la reversión de la polaridad magnética del planeta Tierra, pues quienes ayer eran indiferentes, o al menos silentes, ante la depredación agrícola del parque nacional de Valle Nuevo, y luego de la Resolución 14-2016 fueron promotores del “diálogo” para el mantenimiento de la agricultura a lo interno de este importante parque nacional, ahora son duros críticos del ministerio de Ambiente bajo el argumento de que el ministerio está permitiendo asentamientos humanos haitianos en Valle Nuevo, sabiendo bien que esos asentamientos son viejos y que fueron evidenciados por nosotros en septiembre de 2016, y así consta en nuestros artículos publicados en este periódico elCaribe, en nuestras declaraciones a los diferentes medios de comunicación que nos consultaron al respecto, y en nuestros comentarios diarios en la emisora Zeta 101. Si en verdad queremos defender nuestro medio ambiente seamos sinceros con Valle Nuevo y con nuestra sociedad, porque cualquier antagonista podría preguntar donde estábamos nosotros antes de septiembre de 2016, pues quizás si no hubiésemos subido a Valle Nuevo en septiembre de 2016, y si no hubiésemos alertado al país de la gravedad de lo que allí ocurría, es probable que en Valle Nuevo todo seguiría igual o peor que antes.

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