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21 de abril del 2021

Opinión

Seguridad ciudadana

Orlando Gil. UNO- NO CABE NINGUNA DUDA.- No cabe duda, ninguna, de que las administraciones del PLD son buenas en recaudación. Tampoco cabe duda, ninguna, que esta gestión es buena en visitas sorpresas y en el servicio 911. Lo bueno se reconoce y lo malo se padece. De la seguridad ciudadana, no cabe duda, ninguna, de […]




Orlando Gil.
UNO- NO CABE NINGUNA DUDA.- No cabe duda, ninguna, de que las administraciones del PLD son buenas en recaudación. Tampoco cabe duda, ninguna, que esta gestión es buena en visitas sorpresas y en el servicio 911. Lo bueno se reconoce y lo malo se padece. De la seguridad ciudadana, no cabe duda, ninguna, de que no es materia pendiente, sino materia quemada. Cuatro mandato y medio y la situación de delincuencia es peor que en el 1996, o el 2004. No hay alegato que valga, y defensa menos. El presidente Danilo Medina quiso improvisar en días pasados, y no fue que el tiro le salió por la culata. Más grave todavía: no hubo tiro. Decir lo obvio y de manera distante, como si no fuera asunto suyo, fue un ejercicio, no inútil, sino penoso. El jefe del Estado tiene el panorama claro en cuanto al tráfico de drogas, pero no dispone de correctivos. Las acciones tomadas, llevadas a cabo, fueron una especie de tartamudeo, cuando lo que se imponía era hablar claro y actuar rápido y de manera contundente. Cayó la cabeza del presidente de la DNCD, pero se interpreta como un acto de vergüenza propia del  oficial y no la oportuna  reacción del mandatario. Mudaron al director regional de la Policía Nacional, pero no al instante, y quien no funciona en una ciudad ¿por qué en otra  ?... DOS- OPORTUNIDAD PERDIDA.- La ocurrencia de Baní fue una oportunidad de oro que el presidente Danilo Medina desaprovechó de manera soberana. Era ocasión para mover fichas y advertir a los encargados de la lucha contra el crimen, no solo  de la región sur, sino de todo el país, de  que no permitiría nuevos  descuidos, y mucho menos connivencia  y complicidad con los capos. El ataque y muerte a mansalva del oficial fue una circunstancia dramática para proceder con mano dura y sin contemplaciones. Todo se justificaba y convenía preservar la autoridad, disminuida de manera horrorosa. Sin embargo, se vio todo lo contrario. A un gobernante perturbado ante una situación que no domina e incapaz de poner cascabel al gato. Decir que gente de cuello blanco, y militares y policías están envueltos en el comercio de las drogas, y no producirse una redada, o destituciones o cancelaciones en masa, fue como ver barrunto de tormenta o lloviendo mucho y  no controlar las presas. No se entiende lo elemental. La seguridad ciudadana no es un asunto meramente policial, o militar. Desbordó lo policial y militar, y debe asumirse como un problema político. Los tiempos cambian, y también las actitudes de la gente. Ese no hacer nada y confiarse en que en cada ocasión las aguas vuelvan a su nivel, sin  intervención oportuna, es un error que se lamenta, pero igual se paga... TRES- HORRIPILA Y METE MIEDO.- La impresión que dejó la rueda de prensa improvisada en el Palacio Nacional es que el presidente Danilo Medina se lleva de sus subordinados. Acepta como bueno y válido lo que informan, aun cuando la situación y los resultados no se correspondan. La percepción en pie. Lo militares y policía involucrados en el negocio de las drogas no tenía que decirlo, pues ese es un hecho viejo y de general conocimiento. Los escándalos se ponen en fila y llegan al infierno. No es lo mismo, sin embargo, lo referente a la gente de cuello blanco. De esa se sabe poco, pues a los civiles involucrados no se les conoce alcurnia ni nexos o contubernio de poder. Acaso haya trasiego callado, el consabido lavado de dinero, pero que no trasciende o todavía no se formaliza en expediente. Debió dar detalles o por lo menos indicios, o adelantar que se trabaja en su desmantelamiento, pues según se entendió, las autoridades no las tienen todas consigo. Y más que evidente. Una suposición lleva a otra. Si el tráfico de drogas en las calles es de la magnitud de que se habla, de miles de puntos, la venta no puede ser solo en Baní o el  Sur, sino de toda la República. Que lo mismo en el Norte y en el Este. Y puede comprobarse fácilmente. El modus operandi y el tipo de crímenes... CUATRO- NI PESIMISMO NI ILUSION.- En el caso de la seguridad ciudadana y del crimen y la delincuencia conviene cuidarse del fatalismo, de creer que todo está perdido. Aunque tampoco hay que hacerse ilusión. El actual gobierno está atrapado y no se atreve a utilizar las vías  correspondientes. Las únicas que le permitirían salir a camino. Como recuerda una expresión antigua: A grandes males, grandes remedios. Ante los hechos de Baní vino el reclamo de los políticos, en particular de oposición. Vieron el gobierno en problema, y como si fuera toro de lidia, le clavaron banderillas. Sin embargo, ninguno dio  clave de solución. Hubo uno que dijo que el gobierno debía ayudar a la Policía, y pareció un chiste, puesto que es la institución o sus agentes que deben sacar las castañas del fuego a la administración. Si se cree que el problema es el gobierno y no la Policía, cuando cambie el gobierno, el problema seguirá igual, y entonces se confirmará que es la Policía. Además conviene dejarlo de su tamaño y no entrar en comparaciones, que no solo son odiosas, sino pervertidas. En otros lugares la criminalidad crece y la respuesta de las autoridades tampoco satisface. Como dice un viejo refrán: Mal de muchos, consuelo de tontos...

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