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14 de abril del 2021

Opinión

Señor, tu amigo está enfermo

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. V Domingo de Cuaresma 2 de abril de 2017 – Ciclo A. a) Del libro del profeta Ezequiel 37, 12-14. Su nombre Yehezqel significa en hebreo “Dios fortalece”. Se trata de un joven sacerdote que fue llevado a Caldea entre los primeros diez mil deportados del primer sitio de […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.
V Domingo de Cuaresma 2 de abril de 2017 - Ciclo A. a) Del libro del profeta Ezequiel 37, 12-14. Su nombre Yehezqel significa en hebreo “Dios fortalece”. Se trata de un joven sacerdote que fue llevado a Caldea entre los primeros diez mil deportados del primer sitio de Jerusalén en el año 598 a.C., recibió su vocación profética en Babilonia, que él narra en los capítulos 2 y 3 de su libro.
Ezequiel hace una llamada de atención y en medio de la experiencia de caos y muerte de la destrucción del reino y del exilio de Babilonia, Dios le inspira un amplio oráculo que abarca sobre todo los capítulos 35-37: “Yo mismo abriré sus sepulcros y los haré salir de sus sepulcros, pueblo mío, y los traeré a la tierra de Israel”, así dice en la primera lectura del quinto domingo de Cuaresma. Los que están en el destierro y en la servidumbre están como en el sepulcro, la enseñanza de Ezequiel apunta a la liberación del destierro y a la resurrección de los muertos, estableciendo la victoria de la vida sobre la muerte, que es el centro del mensaje pascual. b) De la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 8-11. San Pablo hace un paralelo de dos realidades contrapuestas: carne y espíritu; muerte y vida y les deja claro a los romanos que si ellos tienen el Espíritu de Cristo tendrán vida. el hombre puede ser justificado por la fe y en virtud del espíritu está capacitado para abrirse a la vida en cuanto hijo y heredero de Dios. Esta lectura está íntimamente relacionada con los fragmentos de Ezequiel y del evangelista Juan; en cuanto a que el hombre ha sido creado para la vida y la felicidad, Dios se la garantiza por la resurrección. La esperanza cristiana de resurrección y vida perenne se vincula y fundamenta directamente en la resurrección de Jesucristo. El Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos nos dará vida, porque ese mismo Espíritu mora en nosotros por el bautismo que recibimos. c) Del Evangelio de San Juan 11, 1-45. Nos aproximamos a la recta final del camino que la Iglesia nos propone para meditar, revisar nuestra vida y prepararnos para la Pascua del Señor. En los dos domingos anteriores (3∫ y 4∫ de Cuaresma) hemos visto dos escenas cuya dimensión bautismal hemos explicado: el diálogo de Jesús con la Samaritana junto al pozo de Sicar en Samaría, Jesús habla del agua viva que apaga la sed y al ciego de nacimiento, le concede el don de la vista, la luz de los ojos. Agua viva y luz son dos elementos esenciales en la liturgia bautismal, que la Iglesia prepara durante la Cuaresma para ser celebrada en la Vigilia Pascual. En el quinto domingo de Cuaresma la liturgia está centrada en la resurrección de Lázaro en Betania, es decir aparece el tercer elemento bautismal, la Vida, que se suma a los dos anteriores: el Agua y la Luz. Ahora bien, Luz y Vida, más que conceptos son dos definiciones personales de Jesús que el evangelio de San Juan combina ya desde el prólogo: “Lo que por Él se hizo era vida: la vida es Luz para los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pudieron vencer la luz”. Antes de la reanimación de Lázaro, Jesús se proclama resurrección y vida para todo el que cree en Él, luego añade el signo milagroso que avala tal afirmación, pero antes recaba una confesión de fe por parte de Marta, la hermana de Lázaro. Este relato tiene muchos momentos humanos y tiernos, a Jesús le hacen llegar la noticia de que su amigo, a quien ama, estaba enfermo, la amistad y el cariño son característicos de los encuentros de Jesús: su misión no es ganar adeptos sino discípulos, para Jesús cuenta mucho la relación personal con cada uno.  Esto revela la confianza en Jesús y éste dirá a sus discípulos, nuestro amigo duerme; Marta y María reafirman la fe que tenían en el poder de Jesús al afirmar “si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” la resurrección de Lázaro no sólo muestra el poder de Jesús sobre la muerte, sino que además y sobre todo preanuncia su propia resurrección y la de quienes participamos de la misma y de su Vida nueva por los sacramentos. El capítulo 11 del evangelio de San Juan es uno de los capítulos cumbre de la revelación: Jesús hace patente cada vez más su filiación divina: “Por eso los judíos tenían ganas de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que además llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios” (5, 18). Pero si por una parte Cristo proclama su divinidad y lo demuestra devolviendo la vida a un muerto, por otra nos descubre su humanidad cuando solloza y rompe en llanto por la muerte de su amigo.
San Juan con su relato nos presenta los milagros de Jesús como signos de su persona, habla de vida y resurrección, identificándolos con la persona de Jesús. Resurrección y vida solamente para el que cree en Cristo como vida y resurrección, es decir, como Mesías e Hijo de Dios. Todo el relato de este signo de devolver la vida a su amigo Lázaro, está en función de la fe, como todo el evangelio de Juan, “escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre” (20, 31). La muerte biológica es una realidad inexorable, un dato constante de la experiencia diaria, este es un tema que siempre ha rondado en todas las situaciones humanas y en todas las religiones, su anuncio paulatino con las múltiples enfermedades, su presencia brutal en los accidentes y su manifestación en todo lo que es negación de la vida, constituye el más punzante de los problemas humanos (G.S. 18). Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.

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