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18 de abril del 2021

Opinión

Sentirse independiente

Ricky Noboa. La dicha que Dios nos regala cuando nos da la sabiduría, y con ella el discernimiento para ser independientes, es la bendición más grande que podemos recibir porque nos hace libres de decidir el camino que queremos tomar en nuestras vidas. Para lograr la oxigenación en la interacción entre lo saludable y lo […]




Ricky Noboa.
La dicha que Dios nos regala cuando nos da la sabiduría, y con ella el discernimiento para ser independientes, es la bendición más grande que podemos recibir porque nos hace libres de decidir el camino que queremos tomar en nuestras vidas. Para lograr la oxigenación en la interacción entre lo saludable y lo nocivo, la templanza es la postura inequívoca que cataliza nuestra firmeza a la hora de actuar en un ambiente que carece de los más elementales valores de solidaridad y transparencia, hacia las metas de crecimiento integral. Sentirse independiente, estando al margen de la simulación y el resentimiento de los que no se nutrieron con el alimento de una sólida formación familiar, es lo primero que hay que saber delimitar para recibir el sustento de la sinceridad de nuestros verdaderos amigos. Se goza de independencia cuando la razón sabe diferenciar aquel que se regocija en una posición y aquel que deposita su bienestar en el patrimonio de la honestidad. Lo vemos a cada momento en la vanidad que los ahoga en la turbulencia de las aguas negras de sus orígenes y “conquistas materiales”. Lo vemos tras la máscara de sus promesas reflejadas en una incapacidad que no los sustenta.  Lo vemos en la impronta de un protagonismo que no les pertenece por la carencia de pudor de sus acciones; y también lo vemos en la pretensión de pensar que pueden sustraerse de sus miserias personales.  La templanza, producto del discernimiento, nos da la oportunidad de madurar las decisiones, y con ellas regocijarnos en una independencia de criterios que nos hace dueños de un espacio donde no se negocian los principios. En nuestra sociedad se ha venido formando un lugar que debemos rechazar con base en un criterio que nos independice de quienes lo habitan; aquellos subordinados en su rol de oportunistas, serviles, adulones, mercaderes de su conciencia y mandaderos a sueldo. Debemos independizarnos de estos simuladores de saco y corbata, marcando una frontera de la cual no se escapan ciertos individuos que pululan en el ambiente deportivo, político y social. Pidamos pues a Dios Su benevolencia para que podamos levantar nuestra mirada tan alta como las estrellas y llegar al lugar más sagrado donde descansan los seres dignos de Su amor.

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