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20 de abril del 2021

Opinión

Ser padres en el siglo XXI

Pablo McKinney. COMO OTRAS TANTAS VECES.-  ¿Cómo explicar la desgracia mayor que fue el asesinato del niño Llenas Aybar, la más reciente de la niña Emely Polanco, y el drama familiar que ellas encierran, entre tantas que, sencillamente, no llegan a ser tema central de redes sociales y medios de comunicación? Si bien hay una […]




Pablo McKinney.
COMO OTRAS TANTAS VECES.- 
¿Cómo explicar la desgracia mayor que fue el asesinato del niño Llenas Aybar, la más reciente de la niña Emely Polanco, y el drama familiar que ellas encierran, entre tantas que, sencillamente, no llegan a ser tema central de redes sociales y medios de comunicación? Si bien hay una responsabilidad que cae implacable sobre los valores vigentes en nuestro sistema político económico y cultural, como también sobre nuestros gobiernos por tanta ineficiencia y lentitud a la hora de aplicar las leyes de la República y su cobardía para traducir en políticas sociales nuestros más graves dramas sociales, (como el embarazo entre adolescentes) por temor al fundamentalismo religioso, lo cierto es que, por encima de sistemas políticos y gobiernos está el ser humano, está la familia, estamos los padres. ES LA FAMILIA, PERO... .-  A pesar de los cambios que las nuevas tecnologías de la información (redes sociales, Internet) y el desarrollo socio económico han traído (con la mujer integrada a la producción y ahora más alejada del rol tradicional de “jefa del hogar”), todavía hoy la familia sigue siendo un importante agente de socialización. Pero, qué hacer cuando esa familia ha cambiado en su estructura y en sus roles. Qué hacer cuando no hay padres para guiar a sus crías, porque ambos se han lanzado a las calles a producir el sustento. Un gran logro de la sociedad actual ha sido la integración de la mujer a la sociedad en planos de relativa igualdad, sí, pero ¿quién sustituye entonces a esa madre en la crianza de los hijos? He ahí uno de los grandes dilemas de estos tiempos. Se trataría de que, -con ambos padres fuera del hogar-, estos se repartieran las labores, mientras el estado fortalece la calidad profesional, humana y psicológica de los maestros, pero esto es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica. Es más fácil construir una escuela que formar un verdadero maestro, por decir. MR. GOOGLE VENCE A PAPÁ.- En nuestras sociedades, la crianza de los hijos ha pasado de la madre de entonces, nunca ausente, a las redes sociales, hoy omnipresentes. Oiga usted, que las preguntas ya no las responde el abuelo sino You Tube, y nada hay para preguntarle ya al papá, tan ignorante ante los saberes del nuevo padrastro que todo lo sabe: Mr. Google. Las redes sociales y los medios han arrancado el liderazgo de la socialización a la familia, a los padres cuando hay padresÖ y así nos va. Se suponía que, ante los cambios en la familia tradicional, y el surgimiento de la nueva familia de padres ausentes por ocupados o despreocupados, íbamos a cambiar la cantidad por la calidad, pero con la competencia de las redes, ni eso es posible, por lo que muchos padres desde su buena fe intentan -erróneamente- suplir su ausencia con regalos y permisividad, olvidando la disciplina, la corrección (boche incluido), la necesidad de la aplicación un bendito régimen de consecuencias. ¿USTED PONE DIARIO EN ESTA CASA?  Mientras vamos encontrando el camino a esta desconcertante nueva realidad social y familiar que las tecnologías y el “desarrollo” capitalista han traído, recordemos que no somos amigos ni “enllaves” de nuestros hijos, sino sus padres y como tal debemos actuar. Para consentir y dar sin merecer, añoñar en exceso y malcriar en demasía, están los abuelos, pero sólo de domingo en domingo y de nueva a cinco. El niño al que no enseñamos el valor de las cosas ni del tiempo, ya adulto será incapaz de valora el tiempo y las cosas, “a lo que nada nos cuesta, hagámosle fiesta”, dice el refranero popular. Para comenzar, (nunca es tarde), la próxima vez que su amado hijo, a la hora de la cena pregunte arrogante a su madre, “¿con cuál compaña... (huevo, queso), él se va a comer la yuca servida en la mesa?”, respóndanle como el profesor McKinney respondió a su hijo más inquieto y atrevido, hace ahora mil años: “adió cÖ con lengua se va a comer usted esa yuca. ¿Y usted pone “diario” en esta casa?”. He ahí un buen comienzo. Buena suerte.

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