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14 de abril del 2021

Opinión

Shakespeare y el Gobierno

Pablo McKinney.  Para equilibrar el Presupuesto 2021, el gobierno necesita casi 22,000 millones más. Las razo­nes fundamentales de esa ne­cesidad las generan el déficit fiscal y el coronavirus. Pero el problema no son las razones, sino las víctimas: ¿Quién pagará la cuenta? Dicen los budistas que quien tiene un porqué siempre encuentra el cómo. En […]




Pablo McKinney.
 Para equilibrar el Presupuesto 2021, el gobierno necesita casi 22,000 millones más. Las razo­nes fundamentales de esa ne­cesidad las generan el déficit fiscal y el coronavirus. Pero el problema no son las razones, sino las víctimas: ¿Quién pagará la cuenta? Dicen los budistas que quien tiene un porqué siempre encuentra el cómo. En es­te caso, se tienen las razones, (porqué) y hasta el cómo, lo que jode es la víctima. He ahí el tubí o no tubí chaquesperiano (de Shakespeare) al que se enfrenta el gobier­no. Como en nuestro país el nivel de evasión es alto, y la elusión es todavía mayor, el go­bierno ha decidido ir a lo seguro, “tirársele” a una clase media a través de unos impues­tos imposibles de evadir, como el consumo con tarjeta de crédito en moneda extranje­ra, el doble sueldo o los pagos en platafor­mas virtuales como Netflix. Uno sabe que la revisión de las exencio­nes, la eliminación del “cofrecito” y el “ba­rrilito”, o el aumento del impuesto a los juegos de azar, no se acercan a los 22,000 millones de pesos que se necesitan, pero como dice Benedetti: “Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo”. Algo es algo. Por exenciones, cofrecitos, ba­rrilitos, y casas de apuestas, debió comen­zar la cosa y no por la clase media. La tentación era grande, y unos tecnó­cratas sin alma -fríos como un Valle Nuevo del dinero-, convencieron al gobierno de lo que él no debió dejarse convencer, sin antes hacer una lectura política y social, desde la comunicación estratégica. Después del error, solo queda reaccionar con presteza y transparencia: Dialogar, re­formular y explicar en detalles lo no expli­cado antes. En defensa del gobierno uno debe admi­tir que aquí es tan fácil gravar los consumos de la amplia clase media, como difícil es co­brar cualquier nuevo impuesto a unas éli­tes económicas que cuentan cada una con su Álvarez Renta genial, que hace práctica­mente imposible para cualquier DGA/DGII cobrar con relativa eficiencia y legalidad un solo centavo. Nuestros gobiernos siempre terminan golpeando a la clase media, pero ¡Cuidado! que después del 5 de julio, ella no es lo que era, y a las redes sociales me remito. Y mientras sonaba un timbre en Twit­ter, y todos pensábamos que apenas se iniciaba el partido, dijo un Blades pana­meño: “Ring ring... comienza la segunda del noveno”. Estamos a tiempo. Estare­mos esperando.

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