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19 de abril del 2021

Opinión

“Si eres Hijo de Dios…”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. I Domingo de Cuaresma. 5 de marzo de 2017 – Ciclo A .     La Cuaresma es tiempo de gracia, un período caracterizado por la austeridad, la penitencia y la oración, a las que debe añadirse la limosna como signo de compartir. Comprende cinco semanas que concluyen con el Triduo Pascual […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.
I Domingo de Cuaresma. 5 de marzo de 2017 - Ciclo A .     La Cuaresma es tiempo de gracia, un período caracterizado por la austeridad, la penitencia y la oración, a las que debe añadirse la limosna como signo de compartir. Comprende cinco semanas que concluyen con el Triduo Pascual en que revivimos los acontecimientos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En las reformas que el Concilio Vaticano II introdujo se ha querido dar un nuevo enfoque a los conceptos tradicionalmente usados. Se quiere poner el énfasis en la conversión interior del corazón y los textos bíblicos usados se toman principalmente de los profetas y orientan la actitud cuaresmal a una profunda purificación del corazón y de la vida misma de la Iglesia. La verdadera conversión al Señor se manifiesta en las obras de misericordia.
a) Del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7. “El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo”. El polvo humedecido hace posible la modelación de su figura, como la que haría un alfarero. Ese elemento le remite a la tierra, Adam, “la rojiza”. De ahí su nombre Adam, el terreno, (homo, homus), el nacido del seno de la tierra para volver a él. Pero un soplo de Dios en la nariz infunde a la figura de barro el hálito vital, y éste le remite a Dios. El hombre se define así como tierra y soplo de Dios. La finalidad de esta lectura que describe literariamente la tentación y el primer pecado del hombre, que no supera la prueba y rompe con Dios por su desobediencia es sencillamente recordarnos nuestra condición de pecadores y necesitados del perdón y la reconciliación que obtenemos por Jesucristo, a quien veremos sometido a la tentación en el evangelio que comentaremos más adelante.  En ese primer pecado encontramos la raíz de todos los pecados de la historia y la causa de todas las barbaridades que los seres humanos son capaces de cometer. b) De la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 5, 12-19. San Pablo escribe a la comunidad cristiana en Roma compuesta en su mayoría por judíos y paganos convertidos al cristianismo y en este fragmento de su carta nos habla de la diferencia entre el primer y el último Adán. El primero representa el pecado y el último, Cristo, la gracia abundante, la justificación. Cristo es la “justicia” y la “sabiduría” de Dios. El hombre no puede justificarse a sí mismo; la Ley no justifica; las obras de la Ley tampoco. El único que justifica es Dios, y esto por la fe en Cristo, su Hijo que murió por nosotros. En Cristo se revela la “justicia” divina, que nos justifica y nos eleva a la dignidad de hijos de Dios en el Espíritu Santo. Todos necesitamos de su Redención, que nos devuelve a Dios como hijos y rehace la humanidad caída por un camino inverso al de Adam. La desobediencia de Adam nos acarreó la muerte. La obediencia de Cristo nos trajo la salud. Adam, hombre, se quiso hacer Dios. Cristo, Hijo de Dios, se hizo hombre. c) Del Evangelio de San Mateo 4, 1-11. Comenzamos por reconocer que las tentaciones de Jesús presentan una clara dificultad, ¿Cómo es posible que Jesús sea tentado siendo como era Hijo de Dios? Y debemos responder que Jesús es tentado como hombre que era, “probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado”, como dice el autor de la carta a los hebreos 4, 15. Por tanto, la prueba de la tentación puede decirse que fue algo natural y su victoria sobre la misma reafirma su filiación divina y su fidelidad al cometido mesiánico que se le había confiado. El pasaje de las tentaciones se puede sintetizar en estos puntos: La afirmación de que efectivamente Jesús fue tentado al comienzo de su misión apostólica. El tema de las tentaciones se refiere a su identidad y funciones mesiánicas (las dos primeras tentaciones comienzan con la misma insinuación condicionante del tentador: “Si eres Hijo de Dios”, es decir el Mesías). Jesús vence la tentación a base de fidelidad a la voluntad de Dios. Jesús no opta por el estilo triunfalista del Mesías terreno que esperaba y quería el pueblo judío y sus discípulos, sino por el talante y disponibilidad del Siervo de Yahveh y la humillación de la cruz. La figura y la conducta de Jesús en la tentación es también la réplica de las tentaciones del pueblo judío en el desierto a las que el mismo pueblo sucumbió. Fácilmente se puede hacer la comparación entre Jesús y el pueblo: Jesús es tentado en el desierto durante cuarenta días, al igual que el pueblo de Israel durante cuarenta años; Jesús ayuna cuarenta días y cuarenta noches al igual que Moisés. A la luz de estas reminiscencias bíblicas, Cristo aparece como el nuevo Moisés que conduce al nuevo Pueblo de Dios hacia un nuevo éxodo y una nueva tierra, pero victorioso de las tentaciones del desierto.
También nosotros hoy somos tentados, vivimos en una atmósfera contaminada por el pecado en todas sus manifestaciones. Así como el pueblo de Israel se fabricó en ausencia de Moisés un becerro de oro adorándolo como a Dios, nosotros nos fabricamos ídolos en grandes cantidades y expresiones como sucedáneos del Dios auténtico. ¡Qué diferencia con relación a Jesús! Él, en lo alto del monte desde donde vería todos los reinos del mundo, no cede a la tentación de la idolatría al poder político y avasallador, sino que sin titubeos contesta al tentador: Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto” (Mt. 4, 10; Dt. 6, 13). Si somos tentados como Jesús con el tener, querer y poder, también unidos a Él podemos salir vencedores en la prueba, por medio que la fe que es la fuerza liberadora número uno. El que confía en la gracia y el poder del Señor saldrá victorioso en las tentaciones que a diario nos asaltan. Por eso debemos repetir constantemente la súplica que el mismo Jesús nos enseñó: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. Estemos seguros que con ese apoyo venceremos los ataques del demonio. Dispongámonos, pues, a vivir con autenticidad este tiempo de conversión que la Iglesia nos ofrece. Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra. https://fuenteycumbre.com/2017/03/01/primer-domingo-de-cuaresma-ciclo-a-

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