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19 de mayo del 2021

Opinión

Solo la muerte decide retiro de los periodistas

Por Ubi Rivas. Causó una emoción ingrata reflejada en un friito debajo de la tetilla izquierda, muy próxima al miedo, que siento breve, la decisión del añejo afecto Juan Bolívar Díaz, difundida el 25 de agosto, de retirarse de los medios de comunicación, luego de medio siglo de ejercer un periodismo veraz, combatiente, firme, tanto […]




Por Ubi Rivas.

Causó una emoción ingrata reflejada en un friito debajo de la tetilla izquierda, muy próxima al miedo, que siento breve, la decisión del añejo afecto Juan Bolívar Díaz, difundida el 25 de agosto, de retirarse de los medios de comunicación, luego de medio siglo de ejercer un periodismo veraz, combatiente, firme, tanto escrito como televisado, postulando las mejores causas del país, exceptuando el sesgo haitiano.

Empecé a conocer a Juan Bolívar en l97l, cuando laboramos en el desaparecido vespertino Ultima Hora, él redactor, yo gerente comercial del diario, compartiendo con los emblemáticos Guarionex Rosa, Gregorio García Castro, Virgilio Alcántara y Aníbal de Castro, estos dos últimos, consagrados y destacados diplomáticos.

Luego de Ultima Hora, Juan Bolívar pasó a dirigir el desaparecido matutino El Sol, seguido fundando El Nuevo Diario, dirigiendo noticiero Noti-Tiempo, y Uno más Uno por veinte años, escribiendo una cátedra sabatina en Hoy.

Pocos periodistas se aproximan a Juan Bolívar en talento, hoja de trabajos extenuantes, acrisolada honestidad, méritos que siempre he ponderado sin él ignorarlo, porque siempre he expresado.
Lideró el movimiento que concluyó con aprobar ley del Periodismo, sin desmayar nunca en sus metas. Difiero con Juan Bolívar, primero en su cosmovisión al método superar problema haitiano, y segundo, retirarse del accionar comunicacional.

Postulo que solo la muerte decide el retiro de un periodista y un escritor, accionar inscrito en las profesiones liberales, que asumí en l957 cuando contaba 20 años, y en 63 años escribiendo, pagaría por escribir, sueño escribiendo, y en sueños veo mis trabajos publicados, amo el teclado, que siento como prótesis de mi humanidad, y renunciar a escribir es para mi peor que renunciar a vivir, a mis 83 años, me apasiona más lo primero, no tanto lo segundo.

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