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12 de abril del 2021

Opinión

SOS: Carretera Buena Vista-Jarabacoa

Cuando se logra salir de Santo Domingo, es una especie de triunfo. Hay otra estimulante descarga emocional al superar “El 9”, “El 22”, y otros tramos que los transeúntes posiblemente hayan bautizado con palabras ríspidas; sobre todo “El 28”, a partir del cual se piensa que sí, que efectivamente vas a conducir con agrado y […]




Cuando se logra salir de Santo Domingo, es una especie de triunfo. Hay otra estimulante descarga emocional al superar “El 9”, “El 22”, y otros tramos que los transeúntes posiblemente hayan bautizado con palabras ríspidas; sobre todo “El 28”, a partir del cual se piensa que sí, que efectivamente vas a conducir con agrado y seguridad. Se nos abre luego el paisaje de la cordillera central, vistas que te recuerdan que vale la pena vivir aquí (conozco un canadiense que se regresó a Ottawa con su familia dominicana, luego de convencerse de serle imposible conducir en la Capital). Según avanzas, la sensación de libertad y renovado asombro. Ya en La Vega sales de los valles, empiezas a encumbrarte a esas montañas que hacía un rato te parecían inexpugnables. Y, cuando ya te creías perfectamente libre, aparecen lugares congestionados de vehículos, venduteros, pedigüeños, y motociclistas que se burlan de ti y de la muerte al mismo tiempo. Empiezas a subir, como todos, en tu “yipeta”, y a ser amenazado por máquinas poderosas que intentan rebasarte en plena curva, segundos antes que un enorme camión las ralentiza durante varios kilómetros. Naturalmente, no aparece un solo vehículo de Digessett, siempre tan ausentes y lejanos de las expectativas que tantas veces han creado. Por fin, el triunfo espiritual de llegar a la cumbre, o sea a los restos abandonados del que fuera aquel bellísimo Hotel Montaña, ocultando su espléndida y magnifica vista del valle y de todo el Cibao. Empiezas entonces a bajar, y ahora vienen las hondonadas ganaderas, hermosísimas lomas de suaves pendientes, que te paran la respiración, a no ser por lo puro y delicioso de las brisas. Y ya casi llegando a Jarabacoa, sin razón aparente alguna, en Buena Vista, ni hay vista ni flujo libre del tráfico. Pareciera que estuviesen deteniendo los vacacionistas por algún asunto urgente de seguridad, o algo así. Pero ocurre que no, que sola e increíblemente se trata de que alguien tuvo la excelente idea de instalar un puesto de frutas al lado derecho de la vía, donde se exhiben lo que quisiera parecer una primicia de la zona: Uvas enormes, rojas y perfectas manzanas y otras frutas exóticas, ninguna de estas teniendo en absoluto que ver con estos lugares, pero que pareciera una agradable confirmación de que por fin llegamos a otro país. Pero, igualmente, sin miramiento ni consideración alguna se forma fila donde cabe tan solo un vehículo de ida y otro de vuelta; porque en esta calle-carretera Buena Vista-Jarabacoa hay que detenerse a esperar que esos otros terminen de comprar. (Recientemente, otro inteligente emprendedor ha abierto, exactamente enfrente, un puesto de jugos y dulces, para el deleite de los entaponados). Obligadamente, se piensa en las familias de esos venduteros, y de las de las autoridades, (en las que los trajeron al mundo), especialmente en las de los que colectan coimas de esos venduteros… Sin que a nadie se le ocurra la urgencia de una nueva vía que permita que veraneantes y transeúntes disfruten su viaje sin estúpidos contratiempos. Por: Rafael Acevedo.

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