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19 de mayo del 2021

Opinión

“Te seguiré a donde vayas”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. Décimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – 30 de junio 2019 – Ciclo C. a) Del primer libro de los Reyes 19,16b. 19-21. Eliseo fue llamado al ministerio profético mientras se hallaba en el campo arando doce yuntas de bueyes. Casi todas las vocaciones proféticas están refrendadas por un […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.

Décimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – 30 de junio 2019 – Ciclo C.

a) Del primer libro de los Reyes 19,16b. 19-21.

Eliseo fue llamado al ministerio profético mientras se hallaba en el campo arando doce yuntas de bueyes. Casi todas las vocaciones proféticas están refrendadas por un gesto externo o signo sacramental. A Isaías un serafín le purificó los labios con un carbón encendido, a Jeremías el Señor mismo alargó la mano y le tocó la boca, al tiempo que le comunicaba sus palabras; a Ezequiel Dios le dio a comer un libro enrollado, que le supo a miel (cfr. Ez 3, 1-3). Eliseo, al ser llamado, se desprende de todo lo que tiene, se despide de los suyos y sigue a Elías que le inviste echándole el manto encima. El manto profético le marca con una nueva personalidad y le lanza a la misión. Eliseo rompe con su pasado, abandonó sus campos, sus yuntas y su familia y entró al servicio de Elías, para iniciar así su nueva misión.

b) De la Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 5, 1.13-18.

San Pablo comienza las exhortaciones finales de su carta con un tema vital para la vida cristiana, el llamamiento a la libertad: “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertadÖ” (13). La vocación común de los cristianos es la libertad que Cristo nos ha conseguido para amar más y mejor. La libertad del que ama a Dios y a los hermanos, la libertad del justo, del santo, no es vivir sin ley, sino identificación total de su voluntad con la de Dios, con el bien y con la verdad. El cristianismo es una liberación total, que está regulada por el amor al prójimo, ya que sin este amor faltaría el clima necesario para el ejercicio de cualquier libertad verdadera.

c) Del Evangelio de San Lucas 9, 51-62.

En estos versículos se aprecian dos centros de interés claramente diferenciados: Jesús decide ir a Jerusalén desde Galilea, pasando por Samaria. Envía mensajeros por delante que preparen el ambiente antes de su visita y el hecho de que es rechazado por los samaritanos precisamente porque va a Jerusalén. Ante la reacción de los Samaritanos, Santiago y Juan dicen: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?” Pero Jesús rechaza la reacción de los discípulos, los regañó y se marcharon a otra aldea. La violencia no entra en los planes de Dios.

En la segunda parte, Lucas recoge en este relato vocacional tres casos típicos de llamada y respuesta, y señala las condiciones básicas de todo discipulado. En ellos el lenguaje de Jesús habla de esfuerzo, de urgencia, prontitud y ruptura con todo, incluidos los lazos familiares, porque el seguimiento no admite dilaciones, sino que establece un orden de prioridades y lo primero es el Reino.  Optar por él supone renunciar a lo demás. Nuestra vocación es la libertad en Cristo. Libres para amar. Jesús se dirige a Jerusalén, como vimos antes, al encuentro de la cruz que le espera.

La enseñanza de esta página del Evangelio es que no se puede relegar a Dios a un pequeño ámbito de la vida, anteponiéndole prácticamente todo: trabajo, negocios, deportes, familiaÖ no debemos cometer el error de anteponer sistemáticamente lo urgente a lo importante.

Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra. R. Cantalamessa: Echad las Redes.

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