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10 de abril del 2021

Política

Temor y lealtad, en pandemia y elecciones

Estamos en una encrucijada caracterizada por una multiplicidad de fuentes y tipos de temor y aprensión. El coronavirus ha sido el detonante mayor, pero el desempleo masivo no es menor, en diversos sentidos. Concomitantemente, la situación política, es decir, lo que podemos llamar la crisis electoral, no es en absoluto pequeña; y para muchos es […]




Estamos en una encrucijada caracterizada por una multiplicidad de fuentes y tipos de temor y aprensión. El coronavirus ha sido el detonante mayor, pero el desempleo masivo no es menor, en diversos sentidos. Concomitantemente, la situación política, es decir, lo que podemos llamar la crisis electoral, no es en absoluto pequeña; y para muchos es también cosa de vida o muerte. Muchos dominicanos están viviendo situaciones en extremo dramática. El tema electoral nunca ha sido un episodio calmo y apacible. Pero lo que viene no parece ser unas elecciones más; sino que se presagia un alto nivel de agresividad en las conductas partidarias. Me gustaría equivocarme. Pero la rivalidad interna en el partido oficial, degeneró en división, y el gran activismo del partido oficial, bajo el amparo de la pandemia, muestra que el oficialismo podría hacer casi cualquier cosa por no ceder el poder. En las presentes circunstancias de pandemia, el temor ha sido lo distintivo. La ruptura del marco cultural y normativo, con irrupciones de medidas de excepción, han llevado a todo el mundo a adoptar una serie de precauciones que rayan en la paranoia. Aunque haya desaprensivos, especialmente en sectores populares, la clase media padece un encierro solemne, no obstante contar con recursos económicos y espacios habitacionales holgados, el confinamiento espacial es una condición nunca antes vivida, ni siquiera imaginada, por gentes de mentalidad liberal y democrática, especialmente aquellas que se adscriben al liberalismo, la bohemia y la vida disipada; pero también los que se inscriben a la liberalidad posmodernista. Mas, no todo el mundo sabe administrar el temor, especialmente cuando las causas son nuevas y su acechanza desconocida o invisible. El temor es saludable hasta un punto; pero si se convierte en algo crónico también puede degenerar en fobia y en miedo. Miedos y fobias son peligrosos casi siempre. En pandemia, en crisis económicas y desabastecimiento, también. Pero en política, la cosa suele ser más explosiva; particularmente por todas las circunstancias agravantes que podríamos estar afrontando en los días cercanos a las elecciones. El temor suele ser traicionero. Y muchos políticos tienen temor a perder el poder, por razones muy diversas. Aunque la más común suele ser la pérdida de estatus social y de posición económica. Pero cuando hay la amenaza de represalias por actuaciones fraudulentas, los que temen abandonar el poder se tornan más temerarios y agresivos. Pero las crisis también son oportunidades estupendas para ejercitar la fe, la templanza y las mejores virtudes de la personalidad. El miedo nunca es bueno, y ofende a Dios: “No temáis, confiad en el Señor.” Los cobardes suelen ser traicioneros, y peligrosos. En política es común ese espectáculo. Pero también la abunda lealtad heroica a toda prueba; y los comportamientos ruines de aquellos que por temor a ofender a sus jefes, por humillante obediencia, niegan la realidad. Pero lo más interesante y hermoso es que hemos visto, en personas en nuestro derredor y en muchos lugares, verdaderos actos de heroísmo y bonhomía, y desarrollarse hermosísimas cualidades de convivencia. Por: Rafael Acevedo.

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