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23 de abril del 2021

Opinión

Toque de queda, encerramiento y otras medidas son inevitables

Por: MELVIN MAÑON.     Pantalones ajustados a las piernas y descolgados a mitad del muslo con calzoncillos que cubren la cloaca ahorrándonos la vista de un culo generalmente oscuro e incipiente. Gorra tipo pelotero con la visera invertida o como el alma, torcida al lado y en la cara una expresión que quiere lucir feroz pero […]




Pantalones ajustados a las piernas y descolgados a mitad del muslo con calzoncillos que cubren la cloaca ahorrándonos la vista de un culo generalmente oscuro e incipiente. Gorra tipo pelotero con la visera invertida o como el alma, torcida al lado y en la cara una expresión que quiere lucir feroz pero no pasa de ser desfachatez. En el cine y la televisión él es un prototipo, una imagen, un modelo; en la vida real, el hombre nuestro debe comportarse como tal. Y eso es parte esencial de lo que no entendemos.  El mundo del espectáculo ha construido una imagen, la ha dotado de atributos y le ha pautado un guión al individuo insubordinado; debe mostrarse irrespetuoso, atrevido, irreverente, informal y contestatario; debe exhibir desprecio por la ley y temeridad y sus movimientos corporales han de corresponderse con la expresión de villano más listo que los demás y dispuesto a todo. El es ante todo una imagen y su conducta y proceder deben ratificarlo a cada paso. Debe parecer un delincuente aunque no lo sea. Mostrarse como un forajido para no desentonar. Sus actuaciones no pueden desmentir la apariencia sino ratificarla.  Este tipo guapea en la calle desafiando el toque de queda porque es lo que se espera de él y lo hace con ruido, mujeres y frecuentemente alcohol. Como si se tratara de una película, el sale y hace su papel; dice y hace lo que ha visto glorificado en la pantalla, se adhiere meticuloso al guion. Ese tipo no quiere ni puede cambiar de conducta sin negarse a sí mismo.   Si la fuerza pública lo acosa jugará al rebelde, al guerrillero urbano que no tiene más bandera que la de proteger su propia imagen. No quiere derrocar ningún gobierno ni implantar nada, solamente aspira a vivir como le da la gana y que los demás lo toleren y se sometan. Se autoafirma en ese rol de insubordinado y sabe que ha de honrar con su conducta el atuendo y el aspecto correspondiente.  En las presentes circunstancias no existe exhortación religiosa, moral ni cívica capaz de modificar la conducta de los insubordinados. No hay educación disponible ni esperanza de que sea efectiva. Hemos construido una civilización tan desigual como las anteriores pero cometido el error de negarlo. LOS INSUBORDINADOS  Las víctimas de esa desigualdad procuran su derecho al pedazo de bienestar prometido mientras rehúsan asumir las obligaciones que lo harían posible, entre ellas la más importante: la obediencia.  Los subordinados perdieron la fe hace tiempo.  La obediencia no es rentable sino humillante.  El sistema no pudo cumplir. Los insubordinados viven la misma pobreza que los demás, pero abrazados a la ilusión de que son libres porque justamente, la insubordinación hace el milagro.  Un cierto grado de desprecio a la vida se considera de buen gusto entre los insubordinados, pero no explica el rechazo a cumplir el toque de queda. Es una contrariedad inadmisible que otro nos diga y ordene que hacer. Nunca es más apetecible el alcohol que cuando seguimos un tratamiento médico que lo prohibe. Rechazamos el toque de queda aunque no tengamos ningún plan ni actividad propio. Y sin embargo, hay que insistir.  No hay revolución a la vista ni posibilidad alguna de aquiescencia. Los insubordinados ni a las buenas ni a las malas. No hay razones que vayan a convencer a los insubordinados ni campaña educativa a la que vayan a responder. Un grande y querido amigo mío se alegra. Otros están abrumados por el uso de la fuerza y no faltan los rigurosos del derecho.   Toque de queda, encerramiento y otras medidas son inevitables no porque sean buenas sino porque no se han encontrado mejores.  Con los hospitales repletos, sin unidades de emergencia, camas ni médicos disponibles los gobiernos están obligados a actuar porque los mismos que salen a la calle en abierta promiscuidad, son los primeros en apedrear e incendiar instalaciones si no reciben tratamiento oportuno en ellas.   Los insubordinados serán reprimidos con dureza creciente y arrinconados en ghettos. No hay tiempo ahora y con frecuencia ni siquiera consciencia de su necesidad para desmontar el mundo del espectáculo del cual provienen sus valores y conductas y los mismos que simpatizan con la oposición al toque de queda, terminarán prefiriéndolo. Lo demás es ya cosmético y circunstancial y dependerá de lo bien o mal que se ejecute la represión.   El lector puede resentir el tono de este último párrafo. Ha sido intencional a ver si empiezan a darse cuenta de lo que está sucediendo en el mundo entero.

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