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11 de mayo del 2021

Opinión

“Transformemos Nuestro Sistema Educativo”

En el pasado reciente presenciamos un gatopardismo educativo al que denominaron pacto por la educación. El mismo, trajo consigo importantes avances administrativos, nuevas edificaciones y un inconmensurable dispendio de recursos bajo una exigua planificación. Por eso, los esfuerzos para reformar el sistema han sido titánicos, pero los resultados son patéticos. Desde esa perspectiva, si analizamos los […]




En el pasado reciente presenciamos un gatopardismo educativo al que denominaron pacto por la educación. El mismo, trajo consigo importantes avances administrativos, nuevas edificaciones y un inconmensurable dispendio de recursos bajo una exigua planificación. Por eso, los esfuerzos para reformar el sistema han sido titánicos, pero los resultados son patéticos.

Desde esa perspectiva, si analizamos los resultados en términos de calidad desde que aprobamos el 4% hasta la fecha tendríamos que parafrasear al escritor e intelectual venezolano Moisés Naím quien afirma que, “el discurso de la educación se ha convertido en la mayor estafa del mundo”. Por ello, aun con la ingente inyección de recursos persiste la pobreza de aprendizaje.

Rompamos Paradigmas

A pesar de los evidentes avances en materia de escolarización jamás podríamos dar cumplimiento al Objetivo de Desarrollo Sostenible #4, ni al 2do Eje Estratégico y los objetivos de la Ley 1-12 que crea la Estrategia Nacional de Desarrollo sin la deconstrucción y reconstrucción de la forma en que educamos a nuestros niños.

Por tal razón, dice el sociólogo y catedrático canadiense Michael Fullan que “1ro debemos cambiar la forma de enseñar, antes que modificar el currículo”. Esa premisa es totalmente cierta; toda vez que, nuestro currículo puede ser una copia de la Universidad de Harvard y si el método de enseñanza es del siglo XV así serán los resultados.

De igual forma, el legendario historiador israelí Yuval Harari plantea que “el ejercicio pedagógico del siglo XXI tiene que romper con el paradigma del Qué y el Cómo y, debe aferrarse a la reflexión filosófica del por qué y para qué enseñamos”. Además, hay que propiciar el desarrollo de una conciencia crítica, un dialogo inteligente y un aprendizaje activo y pro-activo.

En ese sentido, hay que entender que estamos educando a una generación que nos superará en el tiempo y que su ejercicio profesional será para un mundo más globalizado, tecnificado, interconectado, exigente y mucho más acelerado. En virtud de ello, como decía el maestro George Steiner “hay que dejar de fabricar incultos”.

¿Cómo lo Hacemos?   

Una verdadera reforma de nuestro sistema educativo tiene que ampararse en 3 variables. Un objetivo futuro a través de la conjunción de todo el liderazgo político, la definición del modelo económico que financiará ese propósito y la adaptación del sistema educativo con ese ideal para producir los profesionales que van a regentar ese proceso.  

Asimismo, tenemos que ponerle fin al modelo de memorización, conjunción y repetición de lo que diga el profesor. El docente tiene que ir mas allá de lo aparente para poder propiciar una dinámica de criticidad y reflexión, generando así un aprendizaje activo que busque encender el dintel de la conciencia de Fuster y las funciones de la corteza prefrontal de los niños.

En virtud de ello, no podemos olvidar que conservamos un modelo educativo del siglo XIX, miles de profesos encerrados en la prefectura del XX y estudiantes con tecnologías y expectativas del siglo XXI. Entendamos que los niños que ingresan hoy serán los profesionales de 2040; por lo que es un absurdo prepararlos para la sociedad de hoy.

En conclusión, la educación del siglo XXI no solo debe romper todos los esquemas del modelo actual, sino que debe convertirse en un arquetipo de éxito ante los ojos del estudiante. Esperamos que esta nueva gestión que se percibe cargada de muy buenas intenciones pueda desarrollar ese proceso.     

Por:Manuel Cruz.

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