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08 de mayo del 2021

Mundiales

Trump y el heredero saudí tratan de atajar las crecientes fricciones

Washington muestra impaciencia ante Riad por la campaña militar en Yemen y el bloqueo a Qatar. Ante los periodistas, se intercambiaron elogios sobre la solidez de la relación bilateral y las oportunidades de cooperación. Pero alejadas las cámaras, la reunión este martes en la Casa Blanca entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el príncipe […]




Washington muestra impaciencia ante Riad por la campaña militar en Yemen y el bloqueo a Qatar.

Ante los periodistas, se intercambiaron elogios sobre la solidez de la relación bilateral y las oportunidades de cooperación. Pero alejadas las cámaras, la reunión este martes en la Casa Blanca entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán, debía servir para atajar los crecientes puntos de fricción entre Washington y Riad, como la campaña militar saudí en Yemen, la disputa con Qatar, las ambiciones nucleares de la monarquía absoluta árabe o el alcance de sus promesas de apertura económica. Ambos líderes también abordaron su enemistad compartida con Irán y el acuerdo nuclear.

En sus 14 meses como presidente, es la segunda ocasión que Trump recibe en la Casa Blanca a MBS, el acrónimo con el que se conoce al príncipe saudí, pero es la primera desde que el hijo del rey Salmán afianzó su papel como heredero y líder en la sombra. Ambos comparten su rechazo visceral hacia Irán y su deseo de reforzar los lazos bilaterales. “La relación es probablemente lo más fuerte que ha sido nunca. Entendemos el uno al otro”, dijo este martes Trump. La sólida relación con Riad ha superado los recelos prevalentes durante la presidencia de Barack Obama, fruto de su acercamiento a Teherán, pero varios nubarrones se ciernen sobre el entendimiento entre Trump y Bin Salmán.

El príncipe ha promovido un abanico de ambiciosas reformas económicas y sociales en el hermético y ultraconservador país, que incluyen el levantamiento de restricciones a mujeres, pérdida de poder de estamentos religiosos y una apertura a inversores extranjeros. Son transformaciones que Occidente lleva años reclamando. Pero Bin Salmán también impulsó el pasado noviembre una controvertida purga palaciega con la detención de 200 personas, incluidos príncipes y ministros, acusados de malversar 100.000 millones de dólares. Fueron recluidos en un hotel de lujo bajo acusaciones de abusos.

Bruce Riedel, que fue asesor sobre Oriente Próximo de los últimos cuatro presidentes estadounidenses y trabajó 30 años en la CIA, cree que Bin Salmán busca en la Casa Blanca una atalaya para “promocionar su imagen”. “El príncipe afronta una avalancha de publicidad negativa sobre la campaña contra saudíes prominentes (incluidas acusaciones de tortura y asesinato), su vida privada (abusos a su esposa) y su política exterior (una deliberada hambruna masiva en Yemen). Todo esto es pese a un enorme esfuerzo de relaciones públicas para describirlo como un reformista”, escribe en un correo electrónico a este periódico.

Las reformas del primer exportador de petróleo suponen una enorme oportunidad para EE UU. Pero las detenciones promovidas por Bin Salmán corren el riesgo de asustar a inversores y todavía deben materializarse buena parte de las inversiones y compras en EE UU que prometió el reino saudí a Trump durante su visita a Riad en mayo de 2017.

A ello se unen los recelos en Washington a la política exterior más agresiva de Riad. La visita de Bin Salmán coincidió con un voto en el Senado, promovido por los demócratas y que fue rechazado por la mayoría republicana en la cámara, para retirar el apoyo logístico de EE UU a la campaña militar saudí en Yemen, que ha matado a numerosos civiles. Trump busca presionar al príncipe, que también es ministro de Defensa, para hallar una salida a la crisis en Yemen y al bloqueo de los países del Golfo a Qatar. También aspira a alejarle de Rusia, con la que Arabia Saudí ha firmado acuerdos en seguridad y energía, y asegurarse de que Bin Salmán solo tiene objetivos civiles en su programa de desarrollo nuclear.

“Arabia Saudí no quiere adquirir una bomba nuclear pero sin duda si Irán desarrolla una bomba nuclear nosotros le seguiremos lo antes posible”, dijo el príncipe heredero en una entrevista a la cadena televisiva CBS emitida el pasado fin de semana. Trump ha amenazado con retirarse en mayo del acuerdo nuclear con Irán, sellado en 2015, lo que abriría la puerta a una peligrosa carrera atómica en la región más volátil del mundo.

Riedel, que es analista de Brookings Institution, un laboratorio de ideas en Washington, sostiene que la mayoritariamente suní Arabia Saudí busca el apoyo de Trump a su “política contra Irán” y el mundo chií sin recibir críticas sobre derechos humanos. Pero advierte del riesgo de asociarse con un presidente impopular, como el republicano, y con posibles problemas legales fruto de la investigación sobre sus lazos rusos. “Es una estrategia que puede resultar contraproducente”, señala.

LA CONEXIÓN KUSHNER

El enlace en la Casa Blanca del príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán, es Jared Kushner, asesor y yerno de Donald Trump. Ambos mantendrán varios encuentros esta semana y han desarrollado una estrecha relación personal que incomoda a los diplomáticos estadounidenses, según fuentes citadas por el diario The Washington Post. Los dos son treintañeros y buscan escapar de la sombra del nepotismo. Entablaron su sintonía hace un año durante la visita del príncipe a Washington y desde entonces mantienen un contacto frecuente. Ambos eran los responsables en sus países de coordinar un proceso de paz entre Israel y Palestina y buscaban demostrar que, pese a su escasa experiencia, tenían habilidades diplomáticas. Arabia Saudí fue el pasado mayo el primer país que visitó Trump como presidente.

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