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13 de mayo del 2021

Opinión

Trump y Obama

Luis Encarnación Pimentel. De haber continuado la ruptura de paradigmas, iniciada en Estados Unidos, con la elección de Barack Obama como primer Presidente negro y de estilo fuera de lo común, ayer se hubiera instalado en la Casa Blanca la señora Hillary Clinton, no Donald Trump, como la primera mujer  a quien la gran nación […]




Luis Encarnación Pimentel.

De haber continuado la ruptura de paradigmas, iniciada en Estados Unidos, con la elección de Barack Obama como primer Presidente negro y de estilo fuera de lo común, ayer se hubiera instalado en la Casa Blanca la señora Hillary Clinton, no Donald Trump, como la primera mujer  a quien la gran nación confiaba las riendas  del poder.. En esa circunstancia, muy seguro que allá y en muchos rincones del mundo prevaleciera un ambiente más de fiesta o de celebración, que el marcado por las protestadas antecedidas a la juramentación del nuevo gobernante.

Tampoco existiera el clima de incertidumbre, temores y de incógnitas generados en diversos sectores por el discurso de Trump – durante la campaña y después de ganar el proceso electoral-, dando a muchos  la sensación de que pudiera pasar con un rodillo por la Presidencia. Pese a un primer discurso moderado tras el triunfo, y que bajo por momento algunas tensiones, el hombre ha seguido la misma línea del candidato, sin ponerse el traje del presidente electo, que implica llevar mensajes que ayuden a la tranquilidad y a la reconciliación de todos los ciudadanos, incluso fuera de las fronteras norteamericanas, dada la condición de potencia mundial  de los Estados Unidos. Donald Trump, en campaña y ya en ruta a la Presidencia, sencillamente dijo cosas que no debió decir e hizo cosas que, por prudencia política, no debió hacer. Pero es el Presidente  -electo por un sistema o unas reglas de juego que por estas tierras muchos entendemos como antidemocráticos, porque es en base a delegados por estados, no mayoría de votantes- y ahora solo queda esperar que el león no sea tan fiero como él mismo se ha pintado, y que su gestión, contrario al discurso de advertencias y amenazas, no resulte traumática para nadie. En cuanto a Obama – y a su esposa Michel-, se va dejando una impronta y buenas lecciones a su paso por la Casa Blanca. ¡Qué ejemplo de humildad, de sencillez, de esa pareja, para marcar diferencia, una especie de un antes y un después de ellos!

A Obama, para los críticos o contrarios gratuitos, sencillamente no le dejaron aplicar el programa que tenía en mente y que prometió en campaña. El Congreso, controlado por los republicanos culpables de la crisis económica que encontró al llegar al poder, se empeñó en boicotearle su plan de gobierno (como el traslado de la cárcel de Guantánamo, en Cuba), y  en  querer atarle de manos para que fracasara… Frente a tantos obstáculos, el hombre, que sale con una gran aprobación, hizo lo que pudo e hizo mucho. Sale por la puerta ancha, y con la fuerza moral para, como ha prometido, servir de “vigilante” de la nación, ante Trump.

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