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17 de mayo del 2021

Opinión

“Tú no eres loco”.-

  Fueron muchas las veces que al presentarle un editorial, material de opinión o historia principal, el director de El Nacional me respondió con un lacónico “tú no eres loco”, con lo que exoneraba el trabajo de revisión, que para mí era una muestra de confianza y una carga de compromiso personal. Radhames Gómez Pepín […]




 

Fueron muchas las veces que al presentarle un editorial, material de opinión o historia principal, el director de El Nacional me respondió con un lacónico “tú no eres loco”, con lo que exoneraba el trabajo de revisión, que para mí era una muestra de confianza y una carga de compromiso personal.

Radhames Gómez Pepín tenía un carácter muy fuerte, pero solo en apariencia, porque al final, después de muchos resabios, conciliaba con el redactor sobre la naturaleza de la información que se manejaba en esas mañanas intensas de la redacción.

Cuando el periódico iba a publicar una noticia de fuerte impacto político o económico Radhamés mandaba a diagramación un título principal falso para que los calieses enviaran un reporte distinto a los organismos de inteligencia del Estado y así salvar lo que creía un palo periodístico.

Ingresé a El Nacional para la edición de Nueva York en 1984, nombrado por Bonaparte Gautreaux, quien en mi primer día de trabajo me jugó una broma, al convocar a toda la redacción a su oficina para informarle que había llegado un periodista “que piensa” y que, por consiguiente, aspiraba a desplazarlo.

Por la tarde fui asignado como reportero a la fuente policial, por lo que tenía la ventaja sobre mis colegas de la mañana de poder obtener primero informaciones que luego serían fiambres, como fueron muchos apresamientos o asesinatos de políticos o decomisos de drogas.

Una vez, al presentarle a mi jefe una noticia sobre un carga de cientos de kilos de marihuana, le pedí que me permitiera denunciar que un general me dio en un sobre 35 pesos, “en señal de gratitud” por mi trabajo profesional, lo que para mí era una payola.

Gautreaux desestimó mi pedido y me aconsejó que devolviera los 35 pesos al general y le solicitara que en vez de dinero me obsequiara libros, lo que resultó con el tiempo en una gran amistad con ese oficial y literato que se prolongó hasta que murió.

Fuimos muchos los periodistas que combinábamos el ejercicio de la política, el gremialismo y el magisterio, la mayoría de los cuales tuvimos la suerte de ser dirigidos por maestros que también tenían preferencias políticas, pero siempre ejercieron con lealtad y decoro profesional.

No dejo de mencionar a Mario Álvarez Dugan (Cuchito), quien fue director de El Nacional, antes de ejercer esas funciones en el diario Hoy, a quien un día le informé que recibí amenaza de muerte por una serie de reportajes que escribí sobre tráfico de cocaína en barrios de la parte alta de la capital.

Con gran sabiduría, Cuchito me aconsejó que siguiera con otros trabajos que hacía sobre el sector salud, porque si se cumplía esa amenaza sólo me tocaría la mitad de un editorial, con lo que quiso decir que aún era un periodista joven y vulnerable.

Si el tal Alzheimer no me secuestra, me gustaría recrear esos tiempos cuando el buen ejercicio del periodismo se resumía en la expresión de Radhames: “tú no eres loco”.

Por:

Orión Mejía

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