Turismo

El turismo exitoso debe ser ambientalmente sostenible

Osiris de León.


Lunes, 26 de Noviembre de 2018

Osiris de León.

En dos comunicados publicados por separado, dos asociaciones que agrupan a empresas hoteleras reiteraron su rechazo a la construcción de torres en Macao, argumentando que “el modelo de desarrollo turístico del este de nuestro país, basado en la baja densidad y baja altura, ha sido exitoso”; y si bien es cierto que el modelo turístico de Punta Cana-Bávaro-Macao hasta ahora ha sido comercialmente exitoso, porque hoy Punta Cana es un destino turístico de fama mundial, y uno de los 4 grandes pilares de la economía nacional, no menos cierto es que su éxito no se debe a baja densidad, ni a baja altura, sino a hermosas playas de finas arenas blancas acariciadas por un precioso mar azul que bajo un radiante Sol tropical garantiza disfrutar cálidas temperaturas de 28 grados Celsius en momentos de duros inviernos cuando Europa, Norteamérica y Rusia están congeladas.

Pero, aunque el turismo es nuestro renglón económico de mayor éxito comercial, y de mayor prestigio internacional, debemos admitir que ese evidente e incuestionable éxito comercial del turismo horizontal de la zona oriental se ha logrado a expensas del sacrificio de importantes recursos ambientales, pues para dar paso a la hotelería horizontal fue necesario eliminar cientos de miles de tareas de manglares y de humedales que definían la transición ambiental entre el medio terrestre y el medio litoral, y todos sabemos que esa eliminación está contraindicada en nuestra legislación ambiental (64-00), y nadie debe considerarla como ambientalmente exitosa.

Tampoco entra en la categoría de éxito la sobreexplotación y salinización de las aguas subterráneas almacenadas en los acuíferos de las calizas coralinas porosas de Bávaro, pues durante décadas hemos advertido que la sobreexplotación de las aguas subterráneas de los acuíferos costeros de Punta Cana, Bávaro y Boca Chica, está generando una acelerada intrusión salina que avanza tierra adentro, ya que siempre que se extraiga desde un subsuelo costero una cantidad de agua subterránea mayor que la recarga neta, el resultado es una cuña de intrusión salina que entra para compensar el volumen faltante, cuña que usualmente se torna irreversible porque el agua dulce, por tener menor densidad que el agua salada, no puede devolver hacia el mar el agua salada que previamente ha entrado a la roca porosa fruto de succión por un cono de abatimiento que se genera al momento del bombeo del agua subterránea.

Nunca podría ser considerado como ambientalmente exitoso un modelo hotelero que descarga hasta las aguas subterráneas gran parte de sus aguas servidas, sin pasar previamente por plantas depuradoras capaces de eliminar la alta carga bacterial, por lo que el efluente final llega al acuífero muy cargado de bacterias coliformes, teniendo pleno conocimiento de que esa alta carga bacterial degrada las aguas subterráneas que son extraídas para el abastecimiento diario de todos los hoteles, viola la Ley Ambiental 64-00, y degrada la calidad de las aguas de las playas vecinas.

Al parecer, nuestra visión de futuro ya se está tornando borrosa por el inexorable paso del tiempo, y no alcanzamos a ver que en el horizonte de nuestro cambiante mundo emergen nuevos conceptos que obligan a rediseñar nuestra industria turística para convertirla en ambientalmente sostenible, ya que si no hacemos la inmediata y obligatoria transición del viejo turismo horizontal, que compite negativamente con cada recurso ambiental, al nuevo turismo vertical que disminuye el impacto ambiental horizontal, en pocos años veremos al turismo en colapso total por la degradación ambiental, y por no entender el cambio social, tal y como vimos colapsar el exitoso turismo de los años 70 y 80 en Puerto Plata, colapso nunca imaginado por los puertoplateños; tal y como vimos colapsar nuestra exitosa industria azucarera de los años 70 y 80, colapso nunca imaginado por los ricos colonos azucareros que no se percataron de las oscuras nubes que presagiaban las tormentas políticas y económicas que finalmente devastaron su industria; y tal y como vimos colapsar el exitoso merengue de los años 80 por negarnos a introducir los ajustes rítmicos demandados por una nueva juventud que no estaba interesada en cantar y bailar la música de sus abuelos.

El turismo dominicano debe y tiene que ser transformado en ambientalmente sustentable, y debe ser protegido y defendido por todos, pero la protección no la lograremos intentando poner barreras contrarias a la protección ambiental, contrarias a la sana competencia de calidad y precios, y contrarias al necesario reordenamiento territorial sectorial, pues el peor daño que podemos hacer a la industria hotelera dominicana es presentar lo bueno de la construcción vertical sobre roca, como malo, y presentar lo ambientalmente malo de la construcción horizontal, como modelo bueno y exitoso, salvo que alguien en la zona oriental quiera desear que nuestro turismo caiga en un precipicio fatal del cual jamás se pueda levantar.