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07 de mayo del 2021

Opinión

Una democracia en apuros

Pablo McKinney. (Una ley de partidos para entretener al personal y olvidar lo principal). PARTIDOCRACIA APURADA.- En estos días, nada tan decepcionante como pasar revista a la partidocracia reinante, desde sus más pequeños partidos hasta los supuestamente “mayoritarios” donde nos encontramos con un PRD que -junto al PRSC o lo que de él queda- es hoy […]




Pablo McKinney.
(Una ley de partidos para entretener al personal y olvidar lo principal). PARTIDOCRACIA APURADA.- En estos días, nada tan decepcionante como pasar revista a la partidocracia reinante, desde sus más pequeños partidos hasta los supuestamente “mayoritarios” donde nos encontramos con un PRD que -junto al PRSC o lo que de él queda- es hoy la expresión de un largo padecer, moribundos ellos, débiles y debilitados, “lánguidos y leves”, como la Lucía del Dr. Balaguer, sólo que al contrario de la dama, estos partidos no han nacido “de una flor”, y nunca diría nadie “que su piel es un velo traslúcido tendido sobre su fino cuerpo de clavel”, sino todo lo contrario. “¡Es el demonio, hermano, es el demonio!”. Luego está un PRM en formación, que en su convención se lució por el civismo y decencia de sus militantes, pero no llenó las expectativas en participación ni en organización. Finalmente nos encontramos con un PLD gubernamental, cuya situación actual de vocación fratricida y autoflagelación, resume una vieja frase prestada del refranero español. Y es que los muy señores, ahítos de ganar siempre, “se están muriendo de éxitos”, y su Ley de partidos y sus primarias puede ser el inicio de una gran derrota. EL PROBLEMA FUNDAMENTAL. - Para agravar aún más el escenario político del país, como se sabe y confirman las encuestas, el principal partido dominicano es ya el PN, o sea el Partido de Ninguno. Todo esto ocurre mientras, -según la más reciente Latinobarómetro- en todo el continente crece la desconfianza hacia las instituciones de la democracia, y un estudio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirma la crisis de credibilidad y confianza que padece la clase política de una América Latina, donde ocho de cada diez ciudadanos desconfían de los procesos electorales y casi nueve de cada diez consideran a la corrupción un mal generalizado. ¡Joder!  Si esto le parece poco, el proyecto de Ley de Partidos aprobado en el Senado, además de dividir al partido de gobierno en dos pedazos, (lo que parecería sólo un asunto de los morados) no enfrenta el problema fundamental de nuestra democracia, y hablo de no establecer el origen ni los montos de la financiación de los partidos, ni hacer obligatorio el transparentar sin chanchullos ni chistes malos esa financiación, que es la que explica -en parte- la actual composición del Congreso Nacional. LA DEMOCRACIA EN PELIGRO. - La discusión en torno a las primarias abiertas y simultáneas de los partidos es parte del alocado cambalache institucional que padece el país político. Y es que si una organización no es capaz siquiera de tener un padrón de sus miembros, y no tiene derecho ni siquiera a elegir a quienes lo representarán cómo candidatos, entonces, ¿para qué carajos existe?, y mejor lo dejamos de este tamaño, porque como en el amor, -donde un poema puede conducir a un beso y este provocar la gloria-, así, en política, una pregunta puede llevar a la otra: Si una democracia no es capaz de tener partidos reales, ¿hasta cuándo seguirá siendo una democracia? UNA BLUSA AMARILLA EN EL CENTRO LEÓN. - Todo esto ocurre en un país bullanguero y baila penas, “populoso y bebentino”, que a veces parecería que ha perdido el rumbo político institucional y se ha quedado sin norte, como a veces los amores se quedan sin sol... y llega el invierno, ay. En fin, mientras en nuestro país eso de “hacer política” sea -en la realidad- una actividad empresarial y “lavandera”, el tema de la institucionalidad y la lucha contra la corrupción seguirán siendo chistes malos, aunque las marchas sean verdes o azules y las blusas del olvido del Centro León, en Santiago, sean amarillas. Amén.

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