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11 de mayo del 2021

Política

Una locura

Pablo McKinney. Lo de ellos no es ninguna aventura, sino una locura que ni el cumpleaños de Bosch logró disminuir. Negados a escuchar a cualquiera que emita una opinión que no coincida con la suya, están dispuestos a partir a su propio hijo por la mitad con tal de que no lo críe el otro. […]




Pablo McKinney.

Lo de ellos no es ninguna aventura, sino una locura que ni el cumpleaños de Bosch logró disminuir. Negados a escuchar a cualquiera que emita una opinión que no coincida con la suya, están dispuestos a partir a su propio hijo por la mitad con tal de que no lo críe el otro. Lo del PLD es una crisis esquizoide sin retorno, que podría provocar que, por ejemplo, el sector Fernández prefiera una alianza tácita con el sector Abinader (PRM), y el de Medina hiciera lo propio con Mejía (PRM), y ambos por la misma razón: Evitar el triunfo del otro… aunque entre el mar.

La demencia senil del PLD por tantos años de gobierno es de tal magnitud, que sus grupos en guerra duermen convencidos de que el sol sale cada mañana con la única encomienda de iluminar la Casa del PLD, el local de Funglode y los despachos del Palacio Nacional. Y a sus termocefálicos de encierro, insultadores de oficio y difamadores sin freno, me remito. El escenario no puede ser peor: el equipo del presidente Medina quiere modificar la Constitución por segunda vez para que este pueda ser candidato para un tercer período y posiblemente un cuarto, ¡joder!, mientras al otro equipo de Leonel le ha entrado un amor por la  Constitución -que Dios se lo bendiga pero que no se lo aumente- y, víctima de una desmemoria selectiva con amnesia conveniente, ya no recuerda a aquellos “ingenieros constitucionalistas” de 2010, ni a los 26 senadores que para entonces tomaron por asalto el Palacio Nacional para “exigirle” a su líder la misma locura que ahora quieren impedir que haga el otro líder, o sea, repostularse. Están locos. Hoy se cumplen dos de los tres factores necesarios para que un partido pierda el poder: arrabalización institucional con corrupción, y una alta percepción de inseguridad ciudadana. El tercer factor es una crisis económica que hoy no existe, pero resulta que el gobernador del Banco Central, Valdez Albizu es economista y no mago, y la estabilidad macroeconómica de un país como el nuestro es como esos amores impertinentes, ay, que cualquier día se marchan, y sólo nos quedan entonces luces de bohemia, “¿Lo ves? ¿lo ves?”

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