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13 de abril del 2021

Opinión

Una sociedad primitiva

Ricky Noboa. Desde el inicio de nuestra vida republicana, pasando por una dictadura sangrienta de 30 años, no hemos asimilado lo que significa la función y responsabilidad de la autoridad frente al incumplimiento de la ley, que a través de la Constitución de la República, tiene el supremo deber de actuar y controlar las acciones […]




Ricky Noboa.
Desde el inicio de nuestra vida republicana, pasando por una dictadura sangrienta de 30 años, no hemos asimilado lo que significa la función y responsabilidad de la autoridad frente al incumplimiento de la ley, que a través de la Constitución de la República, tiene el supremo deber de actuar y controlar las acciones que contraponen los valores y principios del interés común. Los hechos acaecidos en los últimos días no se resuelven con la violencia que generan los linchamientos, como si se tratara de la Ley del Talión o del viejo oeste.  Hay que asumir que nuestro ordenamiento jurídico ha fallado en sus procedimientos de administrar la justicia apegada a la moral y el civismo, que deben solventar una sociedad en vías de desarrollo.  Solo con analizar la irresponsabilidad de relaciones maritales entre menores, con la aprobación de sus padres y tutores, es un reflejo de la falta de orientación que ha recibido la familia para asumir el rol ineludible de garantizar un mejor futuro para sus hijos. La supervisión como deber de la autoridad pública y privada en la educación de los jóvenes y menores por demás, mediante una orientación efectiva en materia de drogadicción y transparencia para alcanzar una mejor calidad de vida, enmarcada en la legalidad ha sido deficiente y es prueba fehaciente en la problemática de la seguridad ciudadana. Observar la proclividad a la violencia por individuos que amenazantes quieren estar por encima de los procedimientos legales, implica, más que indignación en los mismos, la frustración que exhibe, producto de un sistema judicial fallido en la efectiva administración de justicia.  El país y sus autoridades no pueden ser indiferentes al verdadero compromiso que tenemos todos ante nuestros hijos, de trabajar por un ordenamiento donde los hechos reñidos con la Ley, mediante el debido proceso, obtengan la sanción que nos fortalezca con decisiones ejemplarizantes que construyan la confianza que todos debemos tener para creer en la justicia. Existe un vacío de credibilidad que se pone de manifiesto en estos individuos a los que no se le puede permitir actos vandálicos, que más que solucionar nuestra profunda preocupación, serán generadores de más violencia.  Lamento con dolor el fallecimiento de esas tres jóvenes y que se haga justicia al margen del primitivismo y “luchemos” por una justicia independiente.

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